La meditación, particularmente en sus formas estructuradas como MBSR (Reducción de Estrés Basada en Mindfulness) y MBCT (Terapia Cognitiva Basada en Mindfulness), ha sido objeto de centenares de ensayos clínicos. La evidencia más sólida apoya su uso para prevenir recaídas en depresión recurrente, con reducciones del riesgo del 30-35% comparables a los antidepresivos de mantenimiento. Para ansiedad, estrés y dolor crónico, los efectos son reales pero modestos (tamaños de efecto pequeños a moderados), y generalmente no superiores a otros tratamientos activos como la terapia cognitivo-conductual. Lo que a menudo se omite: entre el 8% y el 58% de los meditadores experimentan efectos adversos, incluyendo aumento de ansiedad, síntomas depresivos o experiencias disociativas. Personas con antecedentes de psicosis, trauma no procesado o disociación requieren especial cautela. La meditación no es una panacea universal, pero tampoco es inocua: es una herramienta con indicaciones específicas donde funciona y otras donde la evidencia es débil o inexistente.
El mito de la serenidad garantizada
Hay algo irónico en que una práctica milenaria diseñada para observar la mente sin juicio se haya convertido en objeto de juicios tan extremos: para unos es la solución a casi todo, para otros un placebo con buena prensa. La realidad, como suele ocurrir, es más matizada y bastante más interesante.
En las últimas dos décadas, la investigación sobre meditación ha experimentado una explosión sin precedentes. Solo en 2024 se publicaron más de 1.500 artículos científicos sobre mindfulness. Pero cantidad no significa calidad, y en este campo abundan los estudios pequeños, mal diseñados, con controles inadecuados y frecuentemente financiados por organizaciones con interés en resultados positivos. Separar el grano de la paja requiere mirar con lupa.
Lo que emerge de los metaanálisis más rigurosos es un patrón consistente: la meditación funciona, pero para ciertas cosas y con efectos más modestos de lo que sugiere su popularidad. Y, detalle crucial, puede tener efectos adversos significativos que rara vez se mencionan en los titulares.
Qué es y cómo se supone que funciona
Cuando hablamos de “meditación” en contexto clínico, nos referimos principalmente a dos programas estructurados con evidencia acumulada:
MBSR (Mindfulness-Based Stress Reduction): Desarrollado por Jon Kabat-Zinn en los años 80, consiste en 8 semanas de sesiones grupales de 2-2,5 horas más práctica diaria en casa. Combina meditación sentada, body scan (exploración corporal), yoga suave y práctica informal de atención plena en actividades cotidianas.
MBCT (Mindfulness-Based Cognitive Therapy): Una adaptación que integra elementos de terapia cognitiva, diseñada específicamente para prevenir recaídas en depresión recurrente.
El mecanismo propuesto implica varios procesos: aumentar la metacognición (observar los propios pensamientos sin identificarse con ellos), reducir la rumiación y la preocupación anticipatoria, mejorar la regulación emocional, y modificar la relación con las experiencias internas desagradables en lugar de intentar suprimirlas o evitarlas.
Los estudios de neuroimagen muestran cambios en la activación de la amígdala y el córtex prefrontal, aunque la relevancia clínica de estos hallazgos biológicos sigue sin estar clara.
Qué dice la evidencia
Prevención de recaídas en depresión recurrente: la indicación más sólida
Aquí es donde MBCT brilla con luz propia. Un metaanálisis con datos individuales de 1.258 participantes de 9 ensayos clínicos aleatorizados encontró que MBCT reduce el riesgo de recaída depresiva en un 31% comparado con el tratamiento habitual (hazard ratio 0,69; IC 95% 0,58-0,82). Traducido a números más tangibles: en personas con tres o más episodios previos de depresión, la tasa de recaída a 60 semanas fue del 36% con MBCT frente al 51% sin ella.
Un dato particularmente relevante: MBCT mostró eficacia comparable a los antidepresivos de mantenimiento. El ensayo PREVENT, publicado en The Lancet con 424 participantes seguidos durante 24 meses, no encontró diferencias significativas entre MBCT (con apoyo para reducir antidepresivos) y mantener la medicación. Ambas estrategias fueron efectivas.
Esta evidencia llevó al NICE británico a recomendar MBCT como alternativa a los antidepresivos de mantenimiento para personas con depresión recurrente (tres o más episodios) que están en remisión.
Depresión activa y síntomas depresivos: efectos modestos
Para el tratamiento de episodios depresivos agudos, la evidencia es menos impresionante. Metaanálisis recientes muestran efectos pequeños a moderados en síntomas depresivos (tamaño del efecto g ≈ 0,3-0,4) cuando se compara con controles pasivos (lista de espera, tratamiento habitual). Cuando la comparación es con tratamientos activos como terapia cognitivo-conductual, las diferencias se desvanecen.
Un metaanálisis de 2024 sobre intervenciones mindfulness durante la pandemia COVID encontró reducciones significativas en síntomas depresivos, pero la calidad de la evidencia era baja y la heterogeneidad alta.
Ansiedad: funciona, pero no más que otras opciones
Los trastornos de ansiedad han sido extensamente estudiados. Para el trastorno de ansiedad generalizada (TAG), un ensayo clínico de 2023 publicado en JAMA Psychiatry comparó directamente MBSR con escitalopram (un ISRS) en 276 adultos con TAG. Resultado: ambos tratamientos fueron igualmente eficaces, con reducciones similares en síntomas de ansiedad a las 8 semanas.
Metaanálisis que comparan intervenciones basadas en mindfulness con controles pasivos muestran efectos moderados a grandes en síntomas de ansiedad (g ≈ 0,3-1,9 según el estudio y la medida). Sin embargo, cuando la comparación es con TCC, los efectos son similares, y en algunos análisis MBSR muestra efectos inferiores.
La revisión sistemática más completa sobre intervenciones mindfulness para trastornos de ansiedad DSM-5 encontró efectos a corto plazo superiores al tratamiento habitual, pero sin diferencias significativas frente a tratamientos activos a los 6 y 12 meses de seguimiento.
Estrés percibido: el terreno más consistente
Aquí la evidencia es bastante coherente. MBSR fue diseñado originalmente para la reducción del estrés, y los metaanálisis muestran efectos moderados consistentes en estrés percibido (SMD ≈ -0,4). Un metaanálisis de 2024 con 29 ensayos en estudiantes universitarios confirmó estos efectos.
Dolor crónico: prometedor pero limitado
La meditación para dolor crónico tiene una historia que se remonta a los orígenes de MBSR. Sin embargo, la evidencia actual es más modesta de lo que sugiere su popularidad:
Un metaanálisis de 38 ensayos encontró evidencia de baja calidad de que mindfulness produce una pequeña reducción en la intensidad del dolor comparado con diversos controles. Los efectos más consistentes se observaron en síntomas depresivos asociados al dolor y en calidad de vida, más que en la propia intensidad del dolor.
Para dolor lumbar crónico, un metaanálisis de 2024 encontró que MBSR mejora la función física a las 8 semanas, pero los efectos a largo plazo (6 meses) fueron inconsistentes.
La conclusión honesta: mindfulness puede ayudar a cambiar la relación con el dolor y mejorar el bienestar asociado, pero esperar reducciones dramáticas en la intensidad del dolor no está respaldado por la evidencia.
Cognición: efectos pequeños pero reales
Un metaanálisis de 111 ensayos clínicos aleatorizados (n=9.538 participantes) publicado en Health Psychology Review encontró que las intervenciones mindfulness mejoran el funcionamiento cognitivo global con efectos pequeños a moderados. Los dominios con mayor evidencia incluyen memoria de trabajo, atención sostenida y flexibilidad cognitiva.
Sin embargo, muchos estudios tienen limitaciones metodológicas importantes, y la relevancia clínica de mejoras estadísticamente significativas pero pequeñas sigue sin estar clara.
Sueño: resultados mixtos
Un metaanálisis de 2025 sobre intervenciones mindfulness digitales encontró efectos moderados en la salud del sueño (g = 0,38), pero la certeza de la evidencia fue clasificada como muy baja. Otros metaanálisis han mostrado resultados inconsistentes.
Lo que la ciencia NO dice
El elefante en la sala: los efectos adversos
Durante décadas, la investigación sobre meditación operó bajo la asunción implícita de que era intrínsecamente beneficiosa o, en el peor caso, neutra. Esta visión está siendo revisada.
Una revisión sistemática de 83 estudios con 6.703 participantes encontró una prevalencia de eventos adversos del 8,3% (IC 95% 5-12%). Los más frecuentes fueron:
- Ansiedad (33% de los estudios reportaron casos)
- Depresión (27%)
- Anomalías cognitivas (25%)
- Problemas gastrointestinales (11%)
- Conductas suicidas (11%)
Pero hay un problema metodológico importante: la mayoría de ensayos clínicos no monitorizan activamente los efectos adversos (menos del 20% lo hacen). Cuando se pregunta sistemáticamente con cuestionarios específicos, las tasas se disparan. Un estudio de 2021 usando la Meditation Experiences Interview encontró que el 58% de participantes en programas MBCT experimentaron algún efecto adverso, aunque la mayoría fueron transitorios y de intensidad leve-moderada.
Un estudio poblacional reciente en EE.UU. encontró que el 9% de los meditadores reportaron deterioro funcional (incapacidad para trabajar o realizar actividades cotidianas) debido a efectos adversos de la meditación.
Factores de riesgo identificados
La literatura señala varios factores que aumentan el riesgo de efectos adversos:
Intensidad de la práctica: Los retiros intensivos (múltiples horas diarias, silencio prolongado) se asocian con mayor riesgo que los programas estándar de 8 semanas.
Antecedentes psiquiátricos: Historia de psicosis, trastorno bipolar, TEPT, trastornos disociativos o ideación suicida incrementan el riesgo. Paradójicamente, la mayoría de casos graves reportados en estudios de casos ocurrieron en personas sin diagnóstico psiquiátrico previo conocido.
Características de personalidad: Rasgos como psicoticismo (tendencia a experiencias perceptivas inusuales) y creencias inusuales se asocian con mayor frecuencia de efectos adversos.
Malestar psicológico actual: Personas con niveles elevados de distrés al inicio tienen más probabilidad de experimentar efectos adversos.
Lo que no se puede concluir
- Que la meditación sea superior a otras intervenciones psicológicas para la mayoría de indicaciones. Cuando se compara con tratamientos activos (TCC, educación para el estrés), las diferencias suelen ser mínimas o inexistentes.
- Que más meditación sea mejor. La relación dosis-respuesta no está clara, y la práctica muy intensiva parece asociarse con más riesgo.
- Que los cambios cerebrales observados en neuroimagen tengan relevancia clínica directa. Que algo se vea en una resonancia no significa que sea clínicamente significativo.
- Que funcione para todo el mundo. Hay respondedores y no respondedores, y no tenemos buenos predictores de quién se beneficiará.
Seguridad y contraindicaciones
Contraindicaciones relativas (requieren precaución especial)
- Psicosis activa o historia de trastornos psicóticos: La práctica contemplativa puede exacerbar síntomas.
- Trastorno bipolar no estabilizado: Riesgo de precipitar episodios maníacos o depresivos.
- TEPT no tratado, especialmente con síntomas disociativos: La atención a experiencias internas puede ser retraumatizante.
- Trastornos disociativos graves: Riesgo de exacerbación.
- Ideación suicida activa: Requiere intervención prioritaria antes de cualquier programa de meditación.
- Crisis aguda de cualquier tipo: No es el momento para aprender una técnica nueva.
Señales de alarma durante la práctica
- Aumento sostenido de ansiedad o agitación
- Experiencias disociativas (despersonalización, desrealización)
- Flashbacks o reexperimentación traumática
- Alteraciones perceptivas persistentes
- Ideación paranoide
- Disfunción significativa en la vida cotidiana
Conclusión
La meditación basada en mindfulness es una intervención legítima con evidencia científica real para indicaciones específicas, no una solución mágica ni una moda sin fundamento.
Dónde tiene sentido considerarla:
- Prevención de recaídas en depresión recurrente (≥3 episodios), especialmente si se prefiere alternativa a fármacos de mantenimiento
- Manejo del estrés en personas sanas o con condiciones médicas crónicas
- Como complemento (no sustituto) en el tratamiento de ansiedad y depresión
- En dolor crónico, para mejorar la relación con el dolor más que su intensidad
Dónde la evidencia es débil o inexistente:
- Como tratamiento de primera línea para depresión aguda grave
- Para mejorar dramáticamente el rendimiento cognitivo
- Como cura para el insomnio
- Para cualquier condición médica grave como tratamiento único
Lo que necesitaríamos para cambiar estas conclusiones: Ensayos clínicos más grandes, con seguimientos más largos, comparaciones directas con tratamientos de referencia, y monitorización sistemática de efectos adversos. También necesitamos entender mejor quién se beneficia y quién no, para poder personalizar las recomendaciones.
Mientras tanto, la postura más honesta es la que equilibra el reconocimiento de beneficios reales con la advertencia de que no es para todos, no funciona para todo, y no está exenta de riesgos.
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