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Qué es: La sauna finlandesa —sesiones de 15-20 minutos a 80-100°C— se ha propuesto como una intervención capaz de reducir la mortalidad y prolongar la vida. Datos observacionales de Finlandia han generado titulares llamativos sobre reducciones del 40% en mortalidad.

Qué dice la evidencia: Un único estudio de cohorte finlandés con 2.315 hombres seguidos durante 20 años encontró asociaciones impresionantes entre frecuencia de sauna (4-7 veces/semana) y menor riesgo de muerte cardiovascular y por cualquier causa. Los mecanismos propuestos (hormesis, proteínas de choque térmico, reducción de inflamación) son biológicamente plausibles. Sin embargo, la evidencia proviene casi exclusivamente de una población muy específica, con diseño observacional que no puede establecer causalidad, y sin ensayos clínicos aleatorizados que confirmen beneficios sobre mortalidad.

Conclusión práctica: La sauna es una práctica segura y placentera que probablemente tiene efectos cardiovasculares beneficiosos. Pero afirmar que “alarga la vida” es ir más allá de lo que la ciencia puede demostrar actualmente. Quien disfrute de la sauna, puede seguir haciéndolo; quien no tenga acceso a ella, no debe preocuparse por estar perdiendo años de vida.


Reducir la mortalidad un 40% sentándose a sudar: demasiado bueno para ser verdad (probablemente)

En 2015, un estudio publicado en JAMA Internal Medicine sacudió el mundo de la longevidad con una afirmación que parecía salida de un cuento de hadas nórdico: los hombres finlandeses que usaban la sauna 4-7 veces por semana tenían un 40% menos de riesgo de morir por cualquier causa comparados con quienes la usaban solo una vez por semana. Muerte súbita cardíaca, enfermedad coronaria, mortalidad cardiovascular total… todas mostraban reducciones espectaculares.

Si fuera un fármaco el que produjera estos efectos, ya lo estaríamos recetando a toda la población. Pero la sauna no es un fármaco, y los datos que sustentan estas afirmaciones merecen un escrutinio más cuidadoso del que suelen recibir en los titulares.

Porque aquí está el problema: casi todo lo que sabemos sobre sauna y longevidad proviene de un solo estudio, en una población muy particular, con un diseño que no puede demostrar causalidad. Y sin embargo, la industria del bienestar ya ha incorporado la sauna al panteón de las intervenciones “probadas” para vivir más. Veamos qué hay realmente detrás de esas cifras.


El estudio que lo empezó todo: Kuopio (KIHD)

El Kuopio Ischaemic Heart Disease Risk Factor Study (KIHD) es un estudio de cohorte prospectivo que comenzó a reclutar hombres de 42-60 años en el este de Finlandia entre 1984 y 1989. Los participantes completaron cuestionarios sobre sus hábitos de sauna —frecuencia semanal, duración de las sesiones, temperatura— y fueron seguidos durante más de dos décadas.

Los resultados publicados por el grupo de Laukkanen fueron llamativos:

Mortalidad por cualquier causa:

  • 1 sesión/semana: 49% fallecieron durante el seguimiento
  • 2-3 sesiones/semana: 38% fallecieron
  • 4-7 sesiones/semana: 31% fallecieron

Muerte súbita cardíaca:

  • Hazard ratio de 0,37 (IC 95%: 0,18-0,75) para uso frecuente vs. infrecuente
  • Es decir, una reducción del 63% en el riesgo

Estudios posteriores del mismo grupo encontraron asociaciones similares con demencia (reducción del 66%), Alzheimer (65%), hipertensión y neumonía. En 2018, ampliaron el análisis incluyendo mujeres, con resultados comparables.

Estas cifras son extraordinarias. Pocas intervenciones muestran reducciones de riesgo tan marcadas. Lo cual, paradójicamente, debería hacernos más escépticos, no menos.


Los mecanismos: plausibles pero no confirmados

La sauna finlandesa expone el cuerpo a temperaturas de 80-100°C durante 15-20 minutos, provocando una respuesta fisiológica que recuerda al ejercicio cardiovascular moderado: aumento del gasto cardíaco (hasta un 60-70%), redistribución del flujo sanguíneo hacia la piel, sudoración profusa y elevación de la frecuencia cardíaca.

Los investigadores han propuesto varios mecanismos para explicar los supuestos beneficios:

Hormesis y proteínas de choque térmico (HSP)

La hormesis es un fenómeno biológico donde un estrés leve desencadena respuestas adaptativas protectoras. El calor activa la producción de proteínas de choque térmico —especialmente HSP70— que actúan como “chaperonas moleculares”, reparando proteínas dañadas y previniendo su agregación. Estas proteínas se han relacionado con protección cardiovascular y neurológica en modelos experimentales.

Efectos cardiovasculares

El estrés térmico agudo produce vasodilatación, reducción transitoria de la presión arterial y mejora de la función endotelial. Estudios a corto plazo han documentado aumentos en la biodisponibilidad de óxido nítrico y reducción de la rigidez arterial.

Reducción de la inflamación

Los datos del KIHD muestran que los usuarios frecuentes de sauna tienen niveles más bajos de proteína C-reactiva (PCR), un marcador de inflamación sistémica asociado a riesgo cardiovascular.

El problema: Estos mecanismos son plausibles y algunos están documentados a corto plazo. Pero el salto de “la sauna reduce la PCR” a “la sauna te hace vivir más años” requiere un tipo de evidencia que aún no tenemos.


Qué dice la evidencia según el tipo de estudio

Ensayos clínicos aleatorizados (ECAs)

Aquí es donde la evidencia flaquea significativamente. No existen ECAs que evalúen el efecto de la sauna sobre mortalidad —sería logísticamente imposible aleatorizar a miles de personas durante décadas.

Los ECAs disponibles son pequeños, de corta duración y evalúan outcomes intermedios:

  • Waon therapy (Japón): El mayor ECA multicéntrico (n=149 pacientes con insuficiencia cardíaca crónica) mostró mejoras modestas en capacidad funcional y clase NYHA tras solo 2 semanas de terapia con sauna infrarroja. Pero este es un contexto clínico muy específico, no población general.
  • Función vascular: Estudios de 8-12 semanas muestran mejoras en presión arterial y función endotelial, pero sin datos sobre eventos clínicos duros.

Una revisión sistemática de 2018 identificó que de 19 estudios cardiovasculares sobre sauna, solo 7 eran ECAs, y únicamente uno cumplía criterios Cochrane de bajo riesgo de sesgo.

Estudios observacionales

Prácticamente toda la evidencia sobre longevidad proviene del KIHD y sus múltiples análisis secundarios. Esto plantea un problema fundamental: estamos construyendo una pirámide de evidencia sobre una única cohorte.

Además, los estudios observacionales —por muy bien ajustados que estén— no pueden establecer causalidad. Solo pueden mostrar asociación.


Lo que la ciencia NO dice (y lo que debería hacernos dudar)

El problema de la confusión residual

Los investigadores ajustaron por factores conocidos: edad, índice de masa corporal, presión arterial, colesterol, tabaco, alcohol, diabetes, actividad física, nivel socioeconómico… Pero siempre existe la posibilidad de confusión residual por factores no medidos o medidos imperfectamente.

¿Quién usa la sauna 4-7 veces por semana en Finlandia? Probablemente personas con:

  • Tiempo libre (no trabajan turnos extenuantes)
  • Acceso a sauna propia o cercana
  • Redes sociales activas (la sauna finlandesa es una actividad social)
  • Mejor estado de salud general (los más enfermos pueden evitarla)
  • Otros hábitos saludables correlacionados

Varios expertos han señalado que el uso frecuente de sauna podría ser simplemente un marcador de “estilo de vida saludable” más que una causa de longevidad.

El problema de la causalidad inversa

¿Las personas viven más porque usan la sauna, o usan la sauna porque están más sanas? Las personas con enfermedades crónicas, fragilidad o deterioro funcional tienden a abandonar actividades como la sauna. Esto crea un sesgo de supervivencia: quienes permanecen usando la sauna frecuentemente son, casi por definición, los más sanos.

Los investigadores intentaron controlar esto excluyendo muertes en los primeros años de seguimiento, pero este ajuste tiene limitaciones.

El problema de la generalización

Finlandia tiene 5,5 millones de habitantes y 3,3 millones de saunas. El uso de sauna está profundamente integrado en la cultura finlandesa desde la infancia. La etiqueta de sauna prohíbe conversaciones estresantes. Es un espacio de relajación y conexión social transgeneracional.

¿Se pueden extrapolar estos resultados a alguien que compra una sauna infrarroja en Amazon y la usa solo mientras mira el móvil? La evidencia no puede responder esta pregunta porque no existen estudios comparables fuera de Finlandia.

El problema de la fuente única

La inmensa mayoría de publicaciones sobre sauna y salud cardiovascular provienen del mismo grupo de investigación (Laukkanen et al.) analizando los mismos datos del KIHD. Esto no invalida los hallazgos, pero en ciencia valoramos la replicación independiente. Un único estudio, por grande que sea, no hace consenso.

Lo que necesitaríamos para confirmar la hipótesis

  1. Estudios de cohorte en otras poblaciones: ¿Se replican los hallazgos en japoneses que usan Waon therapy, en escandinavos de otros países, en estadounidenses que frecuentan spas?
  2. ECAs a largo plazo: Aunque un ECA de mortalidad es poco factible, podrían realizarse estudios de varios años midiendo eventos cardiovasculares como outcome primario.
  3. Estudios mecanísticos en humanos: Confirmar que los cambios observados (HSP, función endotelial, inflamación) persisten a largo plazo y se traducen en beneficios clínicos.

Seguridad: lo que sí sabemos

La sauna finlandesa tradicional es segura para la mayoría de la población, incluidas personas con enfermedad cardiovascular estable e hipertensión controlada. Los eventos adversos graves son raros y suelen asociarse a:

  • Consumo de alcohol durante o inmediatamente antes de la sesión
  • Inmersión en agua fría tras la sauna en personas con enfermedad coronaria
  • Deshidratación en sesiones prolongadas

Contraindicaciones relativas:

  • Infarto agudo de miocardio reciente
  • Angina inestable
  • Estenosis aórtica severa
  • Hipotensión sintomática

Las personas con patologías cardiovasculares deben consultar con su médico, pero la evidencia no sugiere que la sauna sea peligrosa en población general sana.


Conclusión

La sauna finlandesa es una práctica agradable con efectos fisiológicos reales: reduce transitoriamente la presión arterial, mejora la función endotelial y puede disminuir marcadores inflamatorios. Los mecanismos propuestos (hormesis, proteínas de choque térmico) son biológicamente plausibles.

Sin embargo, la afirmación de que “la sauna prolonga la vida” descansa sobre cimientos más frágiles de lo que sugieren los titulares:

  • Una única cohorte de hombres (y posteriormente mujeres) del este de Finlandia
  • Diseño observacional que no puede establecer causalidad
  • Potencial de confusión por factores no medidos vinculados al estilo de vida
  • Ausencia de ECAs sobre mortalidad o eventos cardiovasculares mayores
  • Generalización dudosa a otras poblaciones y tipos de sauna

¿Significa esto que la sauna es inútil? En absoluto. Para quien disfrute de ella, es una forma placentera de relajación con potenciales beneficios cardiovasculares modestos. Pero equipararla con intervenciones probadas como el ejercicio físico, el control de la hipertensión o dejar de fumar sería un error.

La sauna puede ser un complemento razonable a un estilo de vida saludable. Lo que no puede es sustituirlo. Y quien no tenga acceso a una sauna o simplemente no le guste, puede estar tranquilo: no hay evidencia de calidad suficiente para afirmar que se esté perdiendo años de vida.


Bibliografía

  1. Laukkanen T, Khan H, Zaccardi F, Laukkanen JA. “Association Between Sauna Bathing and Fatal Cardiovascular and All-Cause Mortality Events.” JAMA Intern Med. 2015;175(4):542-548. PubMed
  2. Laukkanen T, Kunutsor SK, Khan H, et al. “Sauna bathing is associated with reduced cardiovascular mortality and improves risk prediction in men and women: a prospective cohort study.” BMC Med. 2018;16(1):219. PubMed
  3. Hussain J, Cohen M. “Clinical Effects of Regular Dry Sauna Bathing: A Systematic Review.” Evid Based Complement Alternat Med. 2018;2018:1857413. PubMed
  4. Kunutsor SK, Laukkanen JA. “Does the Combination of Finnish Sauna Bathing and Other Lifestyle Factors Confer Additional Health Benefits? A Review of the Evidence.” Mayo Clin Proc. 2023;98(6):915-926. PubMed
  5. Laukkanen JA, Kunutsor SK. “The multifaceted benefits of passive heat therapies for extending the healthspan: A comprehensive review with a focus on Finnish sauna.” Temperature. 2024;11(1):27-51. PubMed
  6. Patrick RP, Johnson TL. “Sauna use as a lifestyle practice to extend healthspan.” Exp Gerontol. 2021;154:111509. PubMed
  7. Brunt VE, Minson CT. “Heat therapy: mechanistic underpinnings and applications to cardiovascular health.” J Appl Physiol. 2021;130(5):1684-1704. PubMed
  8. Tei C, Imamura T, Kinugawa K, et al. “Waon Therapy for Managing Chronic Heart Failure—Results From a Multicenter Prospective Randomized WAON-CHF Study.” Circ J. 2016;80(4):827-834. PubMed

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Dr. Ricardo Villanueva Garcia

Llevar una vida sana es importante para vivir bien y con felicidad. Alimentarse correctamente, practicar alguna actividad física y mental, tener amistades desarrollar actividades sociales, no estresarse y dormir de 8 a 9 horas diarias. Es todo el "secreto" para vivir más y mejor.
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