Los suplementos de probióticos constituyen un mercado de miles de millones de euros, impulsado por promesas de mejorar la salud intestinal, reforzar la inmunidad o incluso influir en el estado de ánimo. La realidad científica es más matizada: existe evidencia moderada de que ciertas cepas específicas reducen la diarrea asociada a antibióticos (reducción del riesgo del 37%) y pueden aliviar síntomas del síndrome de intestino irritable. Sin embargo, la eficacia es cepa-específica y enfermedad-específica: un probiótico que funciona para una indicación probablemente no sirve para otra, y la mayoría de productos comerciales no han demostrado beneficios para personas sanas. El metaanálisis más reciente (2025) confirma que los probióticos no modifican la diversidad del microbioma en individuos sanos. Conclusión: preguntar “¿funcionan los probióticos?” es como preguntar “¿funcionan los medicamentos?”. Depende de qué cepa, para qué indicación, en qué persona. La respuesta honesta es: algunos sí, para algunas cosas, en algunas personas.
El problema de la pregunta mal planteada
Pocas preguntas en el mundo de los suplementos están tan mal formuladas como “¿funcionan los probióticos?”. Es el equivalente a preguntar si los antibióticos funcionan sin especificar cuál, para qué infección y en qué paciente. Y sin embargo, millones de personas compran cada año suplementos de probióticos con la vaga esperanza de “mejorar su flora intestinal” o “reforzar sus defensas”.
El mercado global de probióticos superó los 60.000 millones de dólares en 2023. Los pasillos de farmacias y parafarmacias rebosan de cápsulas, sobres y yogures que prometen desde regular el tránsito intestinal hasta mejorar el humor. El marketing es brillante; la evidencia, considerablemente más modesta.
Lo que la ciencia ha demostrado con claridad en las últimas dos décadas es precisamente que la eficacia de los probióticos es tanto cepa-específica como enfermedad-específica. Un metaanálisis seminal de McFarland y colaboradores (2018), que revisó más de 90 ensayos clínicos, lo dejó meridianamente claro: el Saccharomyces boulardii CNCM I-745 funciona para prevenir la diarrea del viajero, pero no para otras indicaciones; el Lactobacillus rhamnosus GG es eficaz para algunas cosas y no para otras; y muchas cepas simplemente no han demostrado nada.
Esto tiene implicaciones prácticas enormes. El probiótico que tu vecino toma “porque le va muy bien” probablemente contiene cepas diferentes a las del tuyo, y ninguno de los dos sabe si lo que toma tiene evidencia para lo que espera conseguir.
Qué son y cómo (supuestamente) funcionan
Los probióticos son, según la definición de consenso de la OMS, “microorganismos vivos que, administrados en cantidades adecuadas, confieren un beneficio para la salud del huésped”. Típicamente son bacterias de los géneros Lactobacillus y Bifidobacterium, aunque también incluyen levaduras como Saccharomyces boulardii.
Los mecanismos propuestos por los que podrían ejercer efectos beneficiosos incluyen: competir con patógenos por espacio y nutrientes, producir sustancias antimicrobianas, reforzar la barrera intestinal, modular la respuesta inmune local y, más recientemente, influir en el eje intestino-cerebro a través de metabolitos y señalización neuroinmune.
Sin embargo, hay un problema conceptual fundamental que el marketing tiende a ignorar: los probióticos, en su mayoría, no colonizan el intestino de forma permanente. Son transeúntes. Aparecen en las heces mientras se toman y desaparecen cuando se dejan de tomar. No “repueblan” ni “restauran” la microbiota de forma duradera en personas sanas.
Qué dice la evidencia
Diarrea asociada a antibióticos: donde la evidencia es más sólida
Esta es la indicación con mayor respaldo científico. Un metaanálisis de 2021 publicado en BMJ Open, que incluyó 42 ensayos y más de 11.000 participantes, encontró que los probióticos reducen el riesgo de diarrea asociada a antibióticos en un 37% (RR = 0.63, IC 95%: 0.54-0.73). La calidad de la evidencia según criterios GRADE fue moderada.
La revisión Cochrane actualizada en 2025, centrada específicamente en la diarrea por Clostridioides difficile, confirma un efecto protector: por cada 65 personas tratadas con probióticos, se previene un caso de esta complicación potencialmente grave.
Pero incluso aquí hay matices importantes. Los análisis de subgrupos muestran que:
- Dosis altas (≥10^10 UFC/día) son más efectivas que dosis bajas
- Ciertas cepas funcionan y otras no: Saccharomyces boulardii, combinaciones de Lactobacillus acidophilus + Lactobacillus casei + Lactobacillus rhamnosus muestran eficacia; otras cepas de Lactobacillus no
- El momento de inicio importa: comenzar en las primeras 48 horas tras el antibiótico es más efectivo
- El beneficio es mayor en poblaciones con riesgo basal alto de diarrea
Síndrome de intestino irritable: evidencia moderada con mucha heterogeneidad
El síndrome de intestino irritable (SII) es otra indicación relativamente bien estudiada. Un metaanálisis de tres niveles publicado en 2023, que incluyó 72 ensayos clínicos, encontró que los probióticos mejoran los síntomas globales del SII con un tamaño del efecto moderado (SMD = -0.55) frente a placebo.
Sin embargo, la heterogeneidad entre estudios es alta. Un metaanálisis de Ford y colaboradores (2023) en Gastroenterology, con 82 ensayos y más de 10.000 pacientes, concluye que la certeza de la evidencia es baja a muy baja para casi todas las comparaciones. Algunos hallazgos específicos:
- Las cepas de Escherichia tienen evidencia moderada para síntomas globales
- Bifidobacterium infantis 35624 y Lactobacillus plantarum 299v muestran beneficio en algunos estudios
- Un metaanálisis en red de 2025 sugiere que la dieta baja en FODMAP combinada con probióticos es más efectiva que cualquiera de las intervenciones por separado
El problema es que la mayoría de productos comerciales no contienen las cepas específicas estudiadas, o no en las dosis utilizadas en los ensayos.
Salud mental y eje intestino-cerebro: más hype que evidencia
Los “psicobióticos” —probióticos con supuestos efectos sobre la salud mental— son una de las áreas de mayor crecimiento comercial. La teoría es sugerente: el microbioma intestinal influye en la producción de neurotransmisores, modula la inflamación sistémica y se comunica con el cerebro a través del nervio vago.
Sin embargo, la evidencia clínica es preliminar. Una revisión sistemática de 2024 en Nutrition Reviews, centrada en poblaciones con diagnóstico clínico de depresión o ansiedad, encontró efectos pequeños a moderados en algunos estudios, pero con alta heterogeneidad y limitaciones metodológicas importantes.
Un metaanálisis de 2024 sobre efectos específicos por cepa identificó solo 12 ensayos relevantes con 707 participantes en total. Las conclusiones: algunos probióticos muestran efectos prometedores, pero es prematuro hacer recomendaciones clínicas. Como señala una revisión reciente en Microorganisms: “no hay evidencia suficientemente sólida para incluir probióticos en las guías de tratamiento de la depresión”.
Personas sanas: el gran vacío de evidencia
Aquí es donde el marketing choca frontalmente con la ciencia. El metaanálisis más reciente y completo sobre este tema, publicado en BMC Medicine en enero de 2025, analizó 47 estudios (22 de ellos aptos para metaanálisis) con datos de más de 1.000 individuos sanos.
El resultado es contundente: los probióticos no producen cambios estadísticamente significativos en la diversidad del microbioma de personas sanas. Ni en el índice de Shannon, ni en las unidades taxonómicas observadas, ni en el índice de Chao1, ni en el índice de Simpson. Los análisis de subgrupos por familia taxonómica del probiótico, riesgo de sesgo o duración de la intervención no cambiaron las conclusiones.
Esto no significa que los probióticos sean inútiles para todos. Significa que la promesa de “mejorar tu flora intestinal” si estás sano carece de respaldo científico.
Lo que la ciencia NO dice
“Los probióticos mejoran la salud intestinal” (afirmación vaga sin significado clínico)
El término “salud intestinal” carece de definición científica precisa. ¿Se refiere a la diversidad del microbioma? Ya hemos visto que los probióticos no la modifican en personas sanas. ¿A la ausencia de síntomas? Si no tienes síntomas, no hay nada que mejorar. El marketing explota esta vaguedad deliberadamente.
“Los probióticos refuerzan el sistema inmune” (simplificación engañosa)
El sistema inmune no es un músculo que se pueda “reforzar”. Es un equilibrio complejo. Los probióticos pueden modular ciertas respuestas inmunes en contextos específicos (por ejemplo, reducir la incidencia de infecciones respiratorias en niños en guarderías, con evidencia moderada), pero la idea de que tomar un suplemento genérico “refuerza las defensas” es marketing, no ciencia.
“Un probiótico es tan bueno como otro” (falso)
Esta es quizá la confusión más perniciosa. La eficacia es cepa-específica. Lactobacillus rhamnosus GG no es intercambiable con Lactobacillus acidophilus genérico. E incluso dentro de la misma especie, diferentes cepas tienen efectos diferentes. La mayoría de productos comerciales no especifican la cepa a nivel de denominación oficial, haciendo imposible saber si tienen evidencia o no.
“Los probióticos no tienen efectos adversos” (matizado)
En general, los probióticos tienen un perfil de seguridad favorable en personas sanas e inmunocompetentes. Pero en pacientes inmunodeprimidos, críticos o con catéteres venosos centrales, se han documentado casos de bacteriemia y fungemia por especies probióticas. La revisión Cochrane de 2025 sobre C. difficile encontró que los probióticos probablemente reducen los efectos adversos menores (distensión, náuseas), pero esto no puede extrapolarse a todos los contextos.
El problema de la calidad del producto
A diferencia de los medicamentos, los suplementos de probióticos no requieren demostrar eficacia antes de comercializarse. Estudios independientes han encontrado repetidamente que muchos productos comerciales no contienen las cepas declaradas, no alcanzan el número de UFC anunciado, o contienen contaminantes. Estás comprando a ciegas.
Conclusión
Los probióticos no son ni el milagro que vende el marketing ni un fraude completo. La evidencia científica permite algunas afirmaciones razonablemente sólidas:
Donde hay evidencia moderada:
- Prevención de diarrea asociada a antibióticos, especialmente con cepas específicas a dosis altas iniciadas precozmente
- Alivio de síntomas en síndrome de intestino irritable, aunque con alta variabilidad individual y por cepa
Donde la evidencia es preliminar o insuficiente:
- Efectos sobre salud mental (prometedor pero no listo para recomendaciones)
- Modulación inmune clínicamente relevante en adultos sanos
Donde la evidencia es negativa:
- Mejora de la diversidad del microbioma en personas sanas
- Beneficios generalizados de productos genéricos sin indicación específica
Si vas a tomar un probiótico, la pregunta no es “¿funcionan los probióticos?”, sino: ¿qué cepa específica tiene evidencia para la indicación específica que me interesa? Y probablemente, para la mayoría de personas sanas que simplemente quieren “cuidar su flora”, la respuesta honesta es que el dinero estaría mejor invertido en fibra vegetal, legumbres y alimentos fermentados tradicionales.
Bibliografía
- McFarland LV, Evans CT, Goldstein EJC. “Strain-Specificity and Disease-Specificity of Probiotic Efficacy: A Systematic Review and Meta-Analysis.” Front Med. 2018. PubMed
- Goodman C et al. “Probiotics for the prevention of antibiotic-associated diarrhoea: a systematic review and meta-analysis.” BMJ Open. 2021. PubMed
- Cochrane Database. “Probiotics for preventing Clostridioides difficile-associated diarrhea.” Actualizada marzo 2025. Cochrane
- Ford AC et al. “Efficacy of Probiotics in Irritable Bowel Syndrome: Systematic Review and Meta-analysis.” Gastroenterology. 2023. PubMed
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- Merkouris E et al. “Probiotics’ effects in the treatment of anxiety and depression: a comprehensive review of 2014-2023 clinical trials.” Microorganisms. 2024. PMC
- Dobrowolska A et al. “Effect of probiotic supplementation on the gut microbiota diversity in healthy populations: a systematic review and meta-analysis.” BMC Medicine. 2025. PubMed
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- Lei Y et al. “Effects of Probiotics and Diet Management in Patients With Irritable Bowel Syndrome: A Systematic Review and Network Meta-analysis.” Nutr Rev. 2025. PubMed
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