Que dice la ciencia del uso del ácido alfa-lipoico (ALA) como complemento. Revision 2026

Read Time:11 Minute, 17 Second

El ácido alfa-lipoico (ALA) es un antioxidante endógeno comercializado como suplemento universal para neuropatía diabética, pérdida de peso, salud cerebral y envejecimiento. La evidencia más sólida respalda su uso en neuropatía diabética periférica, donde metaanálisis recientes muestran mejoras modestas en síntomas cuando se administra por vía intravenosa a corto plazo (600 mg/día durante 3 semanas), pero los beneficios con formulaciones orales son clínicamente menos significativos. Para pérdida de peso y marcadores metabólicos, metaanálisis de más de 60 ensayos muestran reducciones estadísticamente significativas pero modestas en peso corporal, IMC y parámetros glucémicos. La evidencia sobre función cognitiva y “antienvejecimiento” se limita a estudios preclínicos; en humanos sanos no hay datos que respalden beneficios cognitivos. El ALA oral tiene una biodisponibilidad limitada (≈30%) y vida media corta, lo que cuestiona la magnitud de sus efectos biológicos. Es generalmente seguro a dosis convencionales, pero el marketing ha corrido décadas por delante de la ciencia clínica.


El antioxidante que lo puede todo (o casi nada)

Pasea por cualquier tienda de suplementos y encontrarás el ácido alfa-lipoico vendido como “el antioxidante universal”, “el protector mitocondrial definitivo” o “la clave del envejecimiento saludable”. Las promesas son ambiciosas: revierte el daño neurológico, quema grasa, protege el cerebro, rejuvenece las células. En Alemania está aprobado desde 1966 como medicamento para la neuropatía diabética. En el resto del mundo se vende libremente como suplemento dietético.

La paradoja del ácido alfa-lipoico es que tiene una historia científica extensa —más de 70 años desde su aislamiento en 1951— y sin embargo, cuando uno revisa sistemáticamente la evidencia clínica, se encuentra con que muchas de las afirmaciones más populares se basan en estudios en ratas, no en personas. ¿Qué sabemos realmente sobre lo que hace (y no hace) en humanos?


Qué es el ácido alfa-lipoico

El ácido alfa-lipoico es un ácido graso de ocho carbonos con un anillo de disulfuro que nuestro organismo sintetiza en pequeñas cantidades en las mitocondrias. Su forma natural es el enantiómero R, que actúa como cofactor esencial en complejos enzimáticos clave del metabolismo energético: la piruvato deshidrogenasa y la α-cetoglutarato deshidrogenasa del ciclo de Krebs.

Lo que hace peculiar al ALA es su carácter anfipático: es soluble tanto en agua como en lípidos, lo que le permite actuar en diferentes compartimentos celulares. Una vez dentro de las células, se reduce rápidamente a ácido dihidrolipoico (DHLA), su forma activa con dos grupos tiol libres. Esta pareja ALA/DHLA forma un sistema redox potente: ambas formas pueden neutralizar radicales libres, quelar metales y regenerar otros antioxidantes como las vitaminas C y E y el glutatión. De ahí la etiqueta de “antioxidante de antioxidantes”.

El problema es que lo que ocurre en un tubo de ensayo no siempre se traslada al organismo humano. La biodisponibilidad oral del ALA es limitada: aproximadamente un 30% de la dosis ingerida llega al torrente sanguíneo, con un pico plasmático a los 30-60 minutos y una vida media muy corta debido al metabolismo hepático. La forma R se absorbe mejor que la S (que no existe en la naturaleza), pero ambas se eliminan rápidamente. Los suplementos comerciales suelen contener la mezcla racémica (50% R, 50% S), más estable que el R puro, que tiende a polimerizarse.


Qué dice la evidencia

Neuropatía diabética periférica

Esta es la indicación con mayor respaldo científico. La neuropatía diabética afecta al 25-50% de los pacientes con diabetes y se caracteriza por dolor, parestesias, entumecimiento y pérdida de función nerviosa progresiva en extremidades. El estrés oxidativo se considera un factor patogénico central.

Un metaanálisis de 2023 que incluyó 10 ensayos clínicos aleatorizados con 1.242 pacientes evaluó la administración oral de ALA (600-1.800 mg/día). Los resultados mostraron mejoras significativas en el Total Symptom Score (TSS), que mide dolor, ardor, parestesias y entumecimiento, con un efecto dosis-dependiente: a mayor dosis, mayor reducción sintomática. También hubo mejoras en el Neurological Disability Score (NDS) y en la satisfacción global de los pacientes.

Sin embargo, no se observaron mejoras significativas en parámetros objetivos como la velocidad de conducción nerviosa (estudios neurofisiológicos) ni en el umbral de percepción vibratoria. Esto sugiere que el ALA puede reducir síntomas pero no necesariamente revierte el daño estructural del nervio.

Un hallazgo crítico emerge de la comparación entre vías de administración. Un metaanálisis de 2012 que evaluó ALA intravenoso (600 mg/día durante 3 semanas) mostró mejoras clínicamente relevantes en el TSS. En cambio, cuando el mismo grupo evaluó formulaciones orales (600 mg o más durante 3-5 semanas), las mejoras fueron estadísticamente significativas pero no alcanzaron el umbral de relevancia clínica (reducción ≥2 puntos en el TSS). La diferencia parece radicar en las concentraciones plasmáticas: la vía intravenosa sortea el metabolismo hepático de primer paso.

Un detalle inquietante: la mayoría de estos ensayos fueron realizados por un mismo grupo de investigación alemán y financiados por fabricantes de ALA. Varios autores recibían salarios de la compañía farmacéutica. Esto no invalida los resultados, pero invita a cautela.

Síndrome metabólico y pérdida de peso

Un metaanálisis de 2020 que evaluó 63 ensayos clínicos aleatorizados encontró que la suplementación con ALA redujo significativamente el IMC, el peso corporal, la circunferencia de cintura y la masa grasa. Las reducciones fueron modestas pero consistentes: aproximadamente 0,5-1 kg en peso corporal en estudios de 8-24 semanas.

En parámetros glucémicos, el ALA mejoró la glucosa en ayunas, la HbA1c, la insulina en ayunas y el índice HOMA-IR (resistencia a la insulina). También redujo los triglicéridos y el colesterol total, aunque sin efectos significativos sobre el colesterol HDL o LDL.

Un metaanálisis de 2018 enfocado en marcadores inflamatorios mostró que el ALA disminuyó significativamente la proteína C reactiva (PCR) en pacientes con síndrome metabólico, con un tamaño del efecto moderado.

Estos datos sugieren efectos metabólicos reales pero modestos. La magnitud del efecto sobre el peso es comparable a intervenciones dietéticas leves: útil como coadyuvante, pero muy lejos de ser una solución milagrosa para la obesidad.

Función cognitiva y envejecimiento cerebral

Aquí es donde la brecha entre marketing y evidencia se abre dramáticamente.

En modelos animales, el ALA muestra efectos neuroprotectores consistentes. Estudios en ratones SAMP8 (modelo de envejecimiento acelerado) y en ratas diabéticas han demostrado que el ALA mejora el aprendizaje, la memoria y reduce la pérdida neuronal, aumentando niveles de BDNF y reduciendo marcadores de estrés oxidativo. Un estudio de 2023 en ratones encontró que el ALA mejoraba la cognición mediante modulación de la transmisión sináptica y reducción de neuroinflamación.

Sin embargo, en humanos la historia es completamente distinta. No existen ensayos clínicos aleatorizados controlados que evalúen si el ALA previene o trata la demencia. Los dos únicos ensayos en pacientes con Alzheimer usaron ALA como parte de cócteles multisustancia (con omega-3, vitaminas), no como monoterapia, y los resultados fueron mixtos o negativos.

Un estudio piloto de 2023 en 15 personas mayores sanas (edad media 84 años) que recibieron 600 mg/día de ALA durante 12 semanas no encontró ningún efecto sobre función cognitiva, funciones ejecutivas o estado de ánimo. Solo hubo un abandono por molestias gastrointestinales.

El Alzheimer’s Drug Discovery Foundation, tras revisar la evidencia disponible, concluyó que no hay datos que respalden el uso de ALA para función cognitiva en personas sanas o con deterioro cognitivo.


Lo que la ciencia NO dice

El ALA no es el “antioxidante universal” que circula intacto por tu organismo. Aunque en el tubo de ensayo el sistema ALA/DHLA neutraliza eficazmente radicales libres, las concentraciones tisulares de ALA libre alcanzables mediante suplementación oral son al menos 10 veces inferiores a las de otros antioxidantes intracelulares como vitamina C o glutatión. Además, el ALA libre se elimina rápidamente de las células. La evidencia de que el ALA suplementario ejerza efectos antioxidantes directos significativos in vivo es escasa.

La biodisponibilidad oral es mediocre. Solo un 30% de la dosis ingerida llega al torrente sanguíneo, y la vida media plasmática es de aproximadamente 30 minutos. El pico plasmático dura menos de una hora. Esto explica por qué la vía intravenosa muestra efectos superiores en neuropatía diabética: las concentraciones tisulares logradas son muy diferentes.

Los efectos cognitivos están prácticamente sin demostrar en humanos. La narrativa del “ALA protege tu cerebro del envejecimiento” se apoya en estudios preclínicos que no han sido replicados en ensayos clínicos rigurosos. Extrapolar de ratones senescentes a humanos sanos es arriesgado: muchos compuestos que funcionan en modelos animales fracasan en fase clínica.

El problema del conflicto de interés. Una proporción significativa de los estudios positivos en neuropatía diabética provienen de un mismo grupo de investigación alemán con vínculos financieros con fabricantes de ALA. Si bien esto no invalida automáticamente los resultados, sí aumenta el riesgo de sesgo de publicación: los estudios negativos podrían no haberse publicado.

Confundir significación estadística con relevancia clínica. En muchos metaanálisis, las reducciones en peso, glucemia o síntomas son estadísticamente significativas pero clínicamente modestas. Una reducción de 0,8 kg de peso en 12 semanas es técnicamente un efecto, pero difícilmente transformará la salud metabólica de alguien.


Seguridad y efectos adversos

A dosis convencionales (300-600 mg/día), el ALA es generalmente bien tolerado. Un metaanálisis de 71 estudios clínicos con 4.749 participantes no encontró un aumento significativo del riesgo de efectos adversos en comparación con placebo.

Los efectos secundarios más comunes son gastrointestinales: náuseas, dolor abdominal, diarrea. También se han reportado reacciones cutáneas (urticaria, prurito) y mareos ocasionales. El ALA puede reducir los niveles de glucosa en sangre, por lo que pacientes diabéticos deben monitorizar su glucemia si lo toman junto con hipoglucemiantes.

Sin embargo, la intoxicación aguda por ALA es peligrosa. Casos documentados de sobredosis (6-18 g en adultos, >50 mg/kg en niños) han resultado en convulsiones refractarias, acidosis láctica, rabdomiólisis, insuficiencia multiorgánica y muerte. Una adolescente de 14 años falleció tras ingerir 6 g. Se han reportado nueve casos de intoxicación grave, con al menos dos muertes documentadas. El rango tóxico no está bien establecido: dosis de 6 g han causado muertes, pero otros pacientes sobrevivieron a 18 g.

Un efecto adverso raro pero documentado es el síndrome de autoinmunidad insulínica (IAS o enfermedad de Hirata), caracterizado por hipoglucemia severa por autoanticuerpos contra insulina. La Agencia Europea del Medicamento emitió una señal de alerta en 2015. Este síndrome es más frecuente en poblaciones asiáticas con ciertos genotipos HLA.

La seguridad en embarazo y lactancia no está establecida. No se recomienda su uso en estas poblaciones.


Conclusión

El ácido alfa-lipoico tiene su lugar en la medicina: la evidencia de beneficio sintomático en neuropatía diabética, especialmente por vía intravenosa a corto plazo, es razonablemente sólida. Para parámetros metabólicos, existe evidencia de efectos modestos que pueden ser útiles como coadyuvantes, no como tratamientos principales.

Pero cuando se trata de las indicaciones más populares —”antienvejecimiento”, “protección cerebral”, “optimizador mitocondrial universal”— la distancia entre el marketing y la evidencia clínica es abismal. Los efectos observados en roedores no se han traducido a ensayos clínicos en humanos sanos.

La biodisponibilidad limitada y la vida media ultracorta del ALA oral plantean dudas razonables sobre la magnitud de sus efectos biológicos cuando se toma como suplemento. Para alguien con neuropatía diabética bajo supervisión médica, puede tener sentido. Para alguien sano que busca “optimizar” su función cerebral o ralentizar el envejecimiento, la evidencia actual no justifica la inversión.

Como tantas veces en el mundo de los suplementos: promesas de décadas de investigación, resultados clínicos de centímetros.


Bibliografía

  1. Vajdi M, Abbasalizad Farhangi M. “Alpha-lipoic acid supplementation significantly reduces the risk of obesity in an updated systematic review and dose response meta-analysis of randomised placebo-controlled clinical trials.” Int J Clin Pract. 2020. PubMed
  2. Han T, Bai J, Liu W, Hu Y. “A systematic review and meta-analysis of α-lipoic acid in the treatment of diabetic peripheral neuropathy.” Eur J Endocrinol. 2012. PubMed
  3. Liu J, Zhang Z, Li X, et al. “Effects of Oral Alpha-Lipoic Acid Treatment on Diabetic Polyneuropathy: A Meta-Analysis and Systematic Review.” Nutrients. 2023. PubMed
  4. Saboori S, Falahi E, Eslampour E, et al. “Effects of alpha-lipoic acid supplementation on cardiometabolic risk factors: A systematic review and dose-response meta-analysis.” ScienceDirect. 2025. Enlace
  5. Namazi N, Larijani B, Azadbakht L. “The effects of alpha-lipoic acid supplementation on inflammatory markers among patients with metabolic syndrome and related disorders: a systematic review and meta-analysis of randomized controlled trials.” Nutr Metab. 2018. Enlace
  6. Mijnhout GS, Kollen BJ, Alkhalaf A, et al. “Alpha Lipoic Acid for Symptomatic Peripheral Neuropathy in Patients with Diabetes: A Meta-Analysis of Randomized Controlled Trials.” Int J Endocrinol. 2012. PubMed
  7. Ziegler D, Low PA, Freeman R, et al. “Predictors of improvement and progression of diabetic polyneuropathy following treatment with α-lipoic acid for 4 years in the NATHAN 1 trial.” Diabet Med. 2016.
  8. Alzheimer’s Drug Discovery Foundation. “Alpha Lipoic Acid & Your Brain | Cognitive Vitality.” Enlace
  9. Triggiani L, Terlizzi M, Cúneo F, et al. “Cognitive and Mood Effect of Alpha-Lipoic Acid Supplementation in a Nonclinical Elder Sample: An Open-Label Pilot Study.” Int J Environ Res Public Health. 2023. PubMed
  10. Fogacci F, Rizzo M, Cicero AFG, et al. “Safety Evaluation of α-Lipoic Acid Supplementation: A Systematic Review and Meta-Analysis of Randomized Placebo-Controlled Clinical Studies.” Antioxidants. 2020. PubMed
  11. Moretti R, Angeletti C, Minora S. “Multiple organ failure and shock following acute alpha lipoic acid (ALA) intoxication.” Clin Toxicol. 2019. PubMed
  12. Shay KP, Moreau RF, Smith EJ, et al. “Alpha-lipoic acid as a dietary supplement: molecular mechanisms and therapeutic potential.” Biochim Biophys Acta. 2009. PubMed
  13. Linus Pauling Institute. “Lipoic Acid.” Oregon State University. Enlace

About Post Author

Dr. Ricardo Villanueva Garcia

Llevar una vida sana es importante para vivir bien y con felicidad. Alimentarse correctamente, practicar alguna actividad física y mental, tener amistades desarrollar actividades sociales, no estresarse y dormir de 8 a 9 horas diarias. Es todo el "secreto" para vivir más y mejor.
Happy
Happy
0 %
Sad
Sad
0 %
Excited
Excited
0 %
Sleepy
Sleepy
0 %
Angry
Angry
0 %
Surprise
Surprise
0 %

Average Rating

5 Star
0%
4 Star
0%
3 Star
0%
2 Star
0%
1 Star
0%

Deja una respuesta

Los omega-3 no son la panacea cardiovascular prometida. Beneficios modestos, riesgo de fibrilación auricular a dosis altas. Qué dice la ciencia en 2026. Previous post Que dice la ciencia sobre el uso de los complementos con Acidos Grasos Omega 3. Revisión 2026
Next post Que dice la ciencia sobre el uso del Resveratrol como complemento. Revision 2026