Mano abierta y relajada sobre la barra de un bar, junto a una cerveza intacta y una pluma de inyección blanca sin marca

Qué dice la ciencia sobre los fármacos GLP-1 y la violencia impulsiva

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Resumen ejecutivo

Los agonistas del receptor GLP-1, como la semaglutida, y el agonista dual tirzepatida se aprobaron para la diabetes tipo 2 y la obesidad. Desde que los usan millones de personas se acumulan relatos de un efecto que no figura en la indicación: menos ganas de beber o de fumar. En 2026, dos criminólogos de la Universidad Rutgers llevaron la pregunta a la violencia y encontraron, en una encuesta a 821 usuarios, que el vínculo entre impulsividad y agresión autodeclarada era más débil en quienes seguían con el fármaco que en quienes lo habían dejado. Es un estudio transversal, incapaz de separar el efecto del medicamento del tipo de persona que lo mantiene. Los ensayos aleatorizados sobre alcohol, pequeños, apuntan en la misma dirección: menos ansia y menos copas cada vez que se bebe, sin menos días de consumo. Hay una hipótesis biológica razonable y ninguna prueba de que estos fármacos reduzcan la violencia.

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Una encuesta que preguntaba por puñetazos

En el verano de 2025, una encuesta representativa preguntó a 7.521 adultos estadounidenses si durante el último año habían pegado a alguien después de un insulto o se habían metido en una pelea.

Las mismas personas contaron con qué frecuencia bebían seis copas o más de una sentada y si solían lanzarse a las cosas sin pensar. De ellas, 821 dijeron haber tomado alguna vez un fármaco de la familia del Ozempic.

Daniel Semenza y Christopher Thomas, criminólogos de Rutgers, separaron a esos 821 en dos grupos: 597 que seguían en tratamiento y 224 que lo habían abandonado. Después midieron en cada grupo el vínculo entre impulsividad y violencia, que Semenza describe como bien establecido. En quienes habían dejado el fármaco aparecía como en cualquier otra muestra. En quienes seguían con las inyecciones, bastante más débil.

El trabajo apareció en Criminology en mayo de 2026. En junio ya circulaba con titulares sobre el fármaco para adelgazar que frena la violencia, una frase que el estudio no sostiene y que sus autores no escribieron.

Una hormona intestinal en el circuito del deseo

El GLP-1 es una hormona que el intestino libera al comer, y sus receptores no se limitan al páncreas y al estómago. La revisión sistemática que Völker y sus colegas de la Clínica Mayo publicaron en Frontiers in Pharmacology en 2025 los localiza en el área tegmental ventral y el núcleo accumbens, dos piezas del circuito dopaminérgico que convierte lo placentero en repetido, y en el núcleo del tracto solitario, en el tronco cerebral, que se comunica con ellas.

En roedores y en primates no humanos, activar ese receptor reduce el consumo de alcohol y la conducta de recaída, y la revisión recoge datos preclínicos parecidos con nicotina, cocaína y opioides. Thomas propone extender la lectura a la violencia: el fármaco dejaría intacta la impulsividad y debilitaría el tramo que va del impulso al acto, que es lo que intenta la terapia cognitivo-conductual. La biología hace verosímil la hipótesis. Los ratones no la convierten en un hecho.

Una encuesta y dos ensayos pequeños

La violencia, en un solo corte

Semenza y Thomas ponderaron la muestra hasta igualar a usuarios actuales y antiguos en edad, ingresos, estudios, raza y sensación de seguridad en el barrio. Comparar con exusuarios tiene una ventaja de diseño: también ellos tenían la diabetes o la obesidad por la que se les recetó el fármaco.

Con la muestra equilibrada, la asociación entre impulsividad y violencia autodeclarada era un 62 % más débil en quienes seguían el tratamiento, y aguantó los distintos análisis de sensibilidad. La asociación entre alcohol y violencia salía un 52 % más débil, pero se deshizo cuando los autores ajustaron los modelos o retiraron los datos atípicos y dejó de ser estadísticamente significativa. Es la cifra que más ha repetido la prensa y la que menos resiste.

Cuando los autores retiraron los datos atípicos, el efecto sobre la violencia ligada al alcohol dejó de ser estadísticamente significativo.

Un detalle juega a favor de los autores: en los delitos no violentos, como hurtar en una tienda o romper propiedad ajena, seguir o no con el fármaco no cambiaba nada. Si la diferencia entre grupos se debiera solo a que quienes mantienen el tratamiento llevan vidas más ordenadas, cabría esperarla también ahí. Semenza y Thomas lo interpretan como señal de que el efecto, si existe, actúa sobre la violencia reactiva, la que se dispara en caliente.

El alcohol, con placebo de por medio

La pieza con más peso causal es el ensayo de fase 2, aleatorizado, doble ciego y controlado con placebo que Christian Hendershot y su equipo publicaron en JAMA Psychiatry en febrero de 2025. Participaron 48 adultos con trastorno por consumo de alcohol que no buscaban tratamiento. Durante nueve semanas recibieron placebo o semaglutida en dosis bajas.

El resultado principal se midió en el laboratorio. Al terminar el tratamiento, quienes habían recibido semaglutida bebieron menos del alcohol que se les ofreció y alcanzaron menos alcoholemia en aire espirado, con un efecto de tamaño medio a grande (β = −0,48). En la vida diaria el cuadro tiene más matices: bajaron las copas por día de consumo y el ansia semanal, mientras los días de bebida y la media de copas por día del calendario se quedaron donde estaban. Entre los fumadores también bajó el número de cigarrillos diarios.

Con semaglutida bajaron las copas de cada día de consumo y el ansia semanal. Los días de bebida siguieron siendo los mismos.

En Copenhague, Mette Kruse Klausen y su grupo habían probado antes exenatida semanal frente a placebo en 127 pacientes con trastorno por consumo de alcohol que sí buscaban ayuda, durante 26 semanas y junto a terapia cognitivo-conductual. El ensayo, publicado en JCI Insight en 2022, falló en su objetivo principal, reducir los días de consumo intenso. La resonancia funcional mostró en cambio menos reactividad del estriado ventral ante imágenes de alcohol, y en el subgrupo con un índice de masa corporal superior a 30 hubo menos días de consumo intenso. Era un análisis exploratorio, no previsto en el diseño.

Lo que la ciencia NO dice

El titular del verano promete un fármaco que frena la violencia, una solución química para un problema social. El diseño del estudio no da para tanto.

Una encuesta transversal fotografía a cada persona una sola vez y no sabe qué vino antes, si el abandono del tratamiento o la etapa de la vida en que la violencia era más probable. Los propios autores señalan que las razones para dejar el fármaco, como perder el seguro médico o pasar por un acontecimiento vital estresante, pueden aumentar por sí solas el riesgo de agresión. El grupo de comparación carga con ese sesgo antes de que el fármaco haga nada.

La violencia se midió por autoinforme y en población general, donde es rara: unos pocos casos mueven mucho las estimaciones. La única pieza aleatorizada que toca la conducta, el ensayo de Hendershot, midió alcohol, no agresión.

Ningún ensayo aleatorizado ha medido todavía la violencia como resultado de un fármaco GLP-1.

Esta familia de fármacos ya recorrió el camino en la dirección contraria. En julio de 2023, tras notificaciones de ideación suicida en pacientes tratados, la FDA abrió una investigación. Las fichas de Saxenda, Wegovy y Zepbound, las indicadas para la obesidad, llevaban una advertencia heredada de fármacos antiobesidad más antiguos. En enero de 2026, después de un metaanálisis propio de 91 ensayos controlados con placebo y casi 108.000 pacientes sin aumento de ideación ni de conducta suicida, la agencia pidió retirarla. El metaanálisis que Bushi y su equipo publicaron en 2025 en Diabetes/Metabolism Research and Reviews había llegado a la misma conclusión.

La señal de alarma tardó dos años y medio en desmontarse con ensayos controlados. La señal de esperanza merece la misma paciencia.

La alerta por ideación suicida necesitó 91 ensayos y casi 108.000 pacientes para resolverse. La hipótesis contra la violencia tiene, de momento, una encuesta.

Lo que cambiaría la conclusión lo dejan escrito los propios autores: seguir a las mismas personas durante años, estudiar poblaciones con más riesgo de violencia, como las que pasan por el sistema penal, y, sobre todo, un ensayo aleatorizado que mida agresión.

Para qué sirve hoy la pluma semanal

Estos fármacos se recetan para la diabetes tipo 2 y la obesidad, y esa sigue siendo la única razón para hacerlo. Para el trastorno por consumo de alcohol hay naltrexona y acamprosato, con indicación aprobada; la semaglutida suma, de momento, un ensayo de 48 personas y nueve semanas. Para la violencia no existe indicación, y no la habrá sin un ensayo que la estudie.

Queda la pregunta. Si una molécula pensada para la glucosa amortigua el tramo que va del impulso al golpe, la frontera entre metabolismo y conducta es más fina de lo que la medicina suele dibujar. Semenza y Thomas han puesto esa posibilidad sobre la mesa con 821 cuestionarios. Comprobarla exigirá placebo y años.

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Bibliografía

  1. Semenza DC, Thomas C. “Glucagon-like peptide-1 receptor agonist use and violent crime among US adults.” Criminology. 2026. DOI
  2. Hendershot CS, Bremmer MP, Paladino MB, et al. “Once-Weekly Semaglutide in Adults With Alcohol Use Disorder: A Randomized Clinical Trial.” JAMA Psychiatry. 2025. PubMed
  3. Klausen MK, Jensen ME, Møller M, et al. “Exenatide once weekly for alcohol use disorder investigated in a randomized, placebo-controlled clinical trial.” JCI Insight. 2022;7(19):e159863. DOI
  4. Völker KM, Prechtl BLH, Bormann NL, Choi DS. “The potential role of GLP-1 receptor agonists in substance use disorders – a systematic review.” Front Pharmacol. 2025;16:1702448. DOI
  5. Bushi G, Khatib MN, Rohilla S, et al. “Association of GLP-1 Receptor Agonists With Risk of Suicidal Ideation and Behaviour: A Systematic Review and Meta-Analysis.” Diabetes Metab Res Rev. 2025. PMC
  6. U.S. Food and Drug Administration. “FDA Requests Removal of Suicidal Behavior and Ideation Warning from Glucagon-Like Peptide-1 Receptor Agonist (GLP-1 RA) Medications.” Drug Safety Communication, 13 de enero de 2026. FDA

Dr. Ricardo Villanueva

Dr. Ricardo Villanueva

Médico de urgencias hospitalarias. Escribe sobre salud, evidencia científica y lo que de verdad ayuda, sin promesas milagrosas. Vive en el Mediterráneo con un beagle que sabe más de lo que aparenta.

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