Pelota de golf blanca dentro del agujero central de un disco de pesas de hierro, sobre un green con rocío al amanecer.

Qué dice la ciencia sobre el golf y el entrenamiento de fuerza después de los 65

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Resumen ejecutivo

Un registro de más de 300.000 golfistas suecos, publicado en 2009, mostró una mortalidad un 40 % inferior a la de la población general de su edad, sexo y nivel socioeconómico. La cifra circula como si la hubiera producido el swing, pero es observacional, y al golf juega quien está sano para jugarlo. Los ensayos aleatorizados de entrenamiento de fuerza en mayores son más sólidos y más modestos de lo que se cuenta: mejoran la fuerza y la función, apenas cambian la masa muscular en personas con sarcopenia y reducen las caídas sobre todo cuando incluyen ejercicios de equilibrio. La menor mortalidad asociada a la fuerza también procede de cohortes. Para quien ya juega y camina el recorrido, el golf aporta horas de marcha y compañía, y ningún estudio muestra que sustituya al trabajo contra resistencia o al de equilibrio. Lo sensato es sumar, sabiendo qué puede esperarse de cada cosa.

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Cinco años más en la tarjeta del club

Bahman Farahmand, Anders Ahlbom y su equipo del Instituto Karolinska cruzaron el registro de socios de la Federación Sueca de Golf con el registro nacional de defunciones. Salieron 300.818 golfistas y 1.053 muertes.

El resultado, publicado en el Scandinavian Journal of Medicine & Science in Sports en 2009, es de los que acaban enmarcados en la pared del club: los golfistas morían un 40 % menos que la población general del mismo sexo, edad y nivel socioeconómico, y los autores lo tradujeron en unos cinco años más de esperanza de vida. Dentro de la cohorte había además un gradiente. Los golfistas de hándicap más bajo, los que mejor juegan, eran los que menos morían.

Los autores leyeron ese gradiente a favor del juego, porque mantener un hándicap bajo obliga a jugar mucho. Los mismos datos admiten la lectura contraria. Para jugar mucho al golf a los setenta y cinco años hay que estar en condiciones de hacerlo a los setenta y cinco.

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Una mañana de golf, medida

Una ronda de golf en mayores se midió en un ensayo aleatorizado que Julia Kettinen y sus colegas de la Universidad de Finlandia Oriental publicaron en BMJ Open Sport & Exercise Medicine en 2023. Veinticinco golfistas sanos de 68 años de media jugaron dieciocho hoyos, hicieron seis kilómetros de marcha nórdica y otros seis a paso vivo, en orden aleatorio. La ronda duró más y gastó más energía, a menor intensidad: el 61 % de la frecuencia cardiaca máxima estimada, frente al 76-77 % de las caminatas.

Las tres actividades bajaron la presión sistólica. Tras el golf, la glucemia se mantuvo estable y el HDL subió un poco, por la duración y el gasto acumulado según los autores. Ellos mismos advierten que, fuera de la presión arterial, ningún marcador cambió de forma clínicamente relevante.

Un segundo análisis del mismo grupo cronometró la prueba de trazos, el Trail Making Test. Las tres actividades mejoraron la parte A, la más mecánica; solo las caminatas mejoraron la parte B, la que exige función ejecutiva.

Dieciocho hoyos bajan la presión sistólica esa mañana. Fuera de eso, los autores del ensayo finlandés no encontraron cambios clínicamente relevantes.

Los voluntarios eran golfistas habituales, y lo que se midió cabe en una mañana. La revisión sistemática de Graeme Sorbie y su equipo en Sports Medicine en 2022 describe resultados mixtos, con mejoras de equilibrio, presión arterial y HDL en algunos estudios y poca evidencia longitudinal.

La otra cifra que circula sale de un resumen que Adnan Qureshi presentó en la International Stroke Conference de 2020 con datos del Cardiovascular Health Study: entre unas 5.900 personas mayores de 65 años seguidas una década, murió el 15,1 % de los 384 que jugaban al golf al menos una vez al mes y el 24,6 % del resto. No he encontrado el artículo completo que permita ver cómo se ajustó esa comparación.

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La fuerza también tiene letra pequeña

En mortalidad, el entrenamiento de fuerza juega en la misma liga que el golf. El metaanálisis que Haruki Momma y su equipo publicaron en el British Journal of Sports Medicine en 2022 reunió 16 cohortes prospectivas: los ejercicios de fortalecimiento muscular se asociaron a un riesgo entre un 10 y un 17 % menor de muerte por cualquier causa, enfermedad cardiovascular, cáncer en conjunto y diabetes, con independencia de la actividad aeróbica. La curva dibujaba una J, con el mayor beneficio hacia los 30-60 minutos semanales. Son cohortes, con el mismo sesgo del usuario sano que arrastra el golf.

La fuerza se separa del golf en los ensayos aleatorizados, con menos brillo del que suele contarse. El metaanálisis de Karolina Talar y sus colaboradores en Journal of Clinical Medicine en 2021, con mayores de 65 años frágiles o sarcopénicos, encontró efectos amplios sobre la fuerza de las piernas y la velocidad de marcha, y uno pequeño sobre la masa muscular (tamaños del efecto de 0,93, 0,75 y 0,29). La revisión de Ruixiang Yan y su equipo en Aging Clinical and Experimental Research, de noviembre de 2025, con 24 ensayos y 951 personas con sarcopenia, afina más. La fuerza de prensión subió 2,3 kg y la marcha ganó 0,08 metros por segundo, por debajo de los umbrales que los propios autores usan como diferencia mínima perceptible para el paciente (5 kg y 0,1 m/s). La masa muscular de brazos y piernas no cambió. Ningún programa pasó de 26 semanas.

En 24 ensayos con personas sarcopénicas, la fuerza subió y la masa muscular de brazos y piernas acabó igual que empezó.

Con las caídas sucede algo parecido. La revisión Cochrane de Cathie Sherrington y su equipo, de 2019, con 59 ensayos y casi 13.000 personas de 60 años o más, concluyó con certeza alta que el ejercicio reduce la tasa de caídas un 23 %. Rinden sobre todo los ejercicios de equilibrio y funcionales, y los programas que los combinan con fuerza bajan la tasa un 34 %, con certeza moderada. Para los programas hechos casi solo de pesas, y también para los de caminar, la revisión declara incierto el efecto.

La revisión Cochrane de 2019 declara incierto el efecto sobre las caídas de los programas hechos casi solo de pesas. Y el de caminar.

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Lo que la ciencia NO dice

El salto que más se repite va del registro sueco al swing. El estudio de Farahmand ajustó por edad, sexo y nivel socioeconómico, algo que las webs de clubes suelen omitir, pero un registro de socios no puede ajustar por la salud con la que cada uno llegó al club ni por lo que hace fuera del campo. Los cinco años de vida son una asociación.

Los golfistas suecos de mejor hándicap eran los que menos morían. Para mantener ese hándicap a los setenta y cinco hay que poder jugar mucho a los setenta y cinco.

La declaración internacional de consenso sobre golf y salud que Andrew Murray coordinó con un panel de 25 expertos, publicada en el British Journal of Sports Medicine en 2018, da por probables los beneficios de fuerza y equilibrio en mayores. La iniciativa partió de la World Golf Foundation, y el R&A, que rige el golf fuera de Estados Unidos y México, ha financiado la investigación de Murray y fue el único financiador de un estudio sobre fuerza y equilibrio. El consenso conserva su valor, y se lee mejor sabiendo quién lo encargó.

En el gimnasio también se estira la evidencia. La masa muscular que prometen muchos programas para mayores apenas aparece en los ensayos, y la curva en J de Momma tampoco autoriza a decir que pasar de una hora semanal de pesas perjudique: es una asociación observacional y sus autores la declaran incierta.

Lo que movería la conclusión es un ensayo que asignara al azar a mayores sedentarios a golf, a fuerza con equilibrio o a ambas cosas, y midiera caídas y función durante al menos un año. No he encontrado ninguno.

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Sumar, sin pedirle a la ronda lo que no da

Para quien ya juega y recorre el campo a pie, la ronda aporta horas de marcha a intensidad baja, un descenso de la presión sistólica después de cada salida y una razón para quedar con otros. Quien no juega no encontrará aquí un motivo de salud para preferir el golf a una caminata larga en compañía, que no exige cuota de club.

La carga progresiva que obliga al músculo a adaptarse y el trabajo de equilibrio que reduce las caídas no salen del campo de golf. Los ensayos los encuentran en programas de fuerza combinados con equilibrio, con un beneficio que se mide en fuerza de piernas y en soltura para andar o levantarse de una silla. El espejo cambia poco.

Los golfistas suecos de hándicap bajo vivían más. Seguimos sin saber si vivían más porque jugaban o jugaban porque podían.

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Bibliografía

  1. Farahmand B, Broman G, de Faire U, Vågerö D, Ahlbom A. “Golf: a game of life and death. Reduced mortality in Swedish golf players.” Scand J Med Sci Sports. 2009;19(3):419-424. PubMed · DOI
  2. Kettinen J, Tikkanen H, Venojärvi M. “Comparative effectiveness of playing golf to Nordic walking and walking on acute physiological effects on cardiometabolic markers in healthy older adults: a randomised cross-over study.” BMJ Open Sport Exerc Med. 2023;9:e001474. DOI
  3. Kettinen J, Tikkanen H, Hiltunen M, et al. “Cognitive and biomarker responses in healthy older adults to a 18-hole golf round and different walking types: a randomised cross-over study.” BMJ Open Sport Exerc Med. 2023;9:e001629. PMC · DOI
  4. Sorbie GG, Beaumont AJ, Williams AK, Lavallee D. “Golf and Physical Health: A Systematic Review.” Sports Med. 2022;52(12):2943-2963. PubMed · DOI
  5. Qureshi AI et al. “Golf and long-term mortality risk.” Resumen presentado en la International Stroke Conference de la American Stroke Association, febrero de 2020; sin artículo completo localizado. American Heart Association News
  6. Momma H, Kawakami R, et al. “Muscle-strengthening activities are associated with lower risk and mortality in major non-communicable diseases: a systematic review and meta-analysis of cohort studies.” Br J Sports Med. 2022;56(13):755-763. BJSM
  7. Talar K, Hernández-Belmonte A, Vetrovsky T, Steffl M, Kałamacka E, Courel-Ibáñez J. “Benefits of Resistance Training in Early and Late Stages of Frailty and Sarcopenia: A Systematic Review and Meta-Analysis of Randomized Controlled Studies.” J Clin Med. 2021;10(8):1630. DOI
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  9. Sherrington C, Fairhall NJ, Wallbank GK, et al. “Exercise for preventing falls in older people living in the community.” Cochrane Database Syst Rev. 2019;1:CD012424. PubMed
  10. Murray AD, Archibald D, Murray IR, et al. “2018 International Consensus Statement on Golf and Health to guide action by people, policymakers and the golf industry.” Br J Sports Med. 2018;52(22):1426-1436. DOI

Dr. Ricardo Villanueva

Dr. Ricardo Villanueva

Médico de urgencias hospitalarias. Escribe sobre salud, evidencia científica y lo que de verdad ayuda, sin promesas milagrosas. Vive en el Mediterráneo con un beagle que sabe más de lo que aparenta.

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