Durante décadas, al niño con cáncer se le mandaba descansar. Hoy se sabe que el reposo prolongado también cobra su precio: el tratamiento le quita fuerza en pocas semanas y la cama hace el resto. En junio de 2026, el Colegio Americano de Medicina Deportiva publicó la primera guía de ejercicio para niños y adolescentes con cáncer. Lo que mejor sostienen los estudios es modesto y concreto: con entrenamiento supervisado, los niños conservan fuerza y se mueven con más soltura. Que se cansen menos o vivan mejor tiene indicios, todavía flojos. Que el ejercicio cure, alargue la vida o evite recaídas no lo ha demostrado nadie. Sobre la seguridad hay datos tranquilizadores: en más de 74.000 sesiones vigiladas en hospitales alemanes hubo tres lesiones graves y ninguna puso en peligro una vida. Moverse, cuando el estado del niño lo permite y con profesionales formados, protege el cuerpo. No sustituye al tratamiento, y algunos días lo indicado sigue siendo la cama.
El reposo también se paga
Hay una palabra que repiten casi todos los padres el día que un hijo empieza la quimioterapia: descansa. Suena a cuidado, y lo es. También trae una factura.
En 2016, Cochrane, la red internacional que reúne y valora todos los ensayos sobre una misma pregunta, solo pudo juntar datos de 171 niños, todos con leucemia, y concluyó que los efectos del ejercicio no eran todavía convincentes. En junio de 2026, el Colegio Americano de Medicina Deportiva publicó la primera guía de ejercicio para menores con cáncer, y su autor de correspondencia, Alejandro Lucía, de la Universidad Europea de Madrid, declaró que el ejercicio debía dejar de verse como opcional.
Lo que el ejercicio ha demostrado en estos niños es menos de lo que se le atribuye. Alcanza, aun así, para que el reposo por defecto haya perdido su defensa.
La razón está en el músculo. Según la guía, la caída de fuerza y de forma física ya se ve en el primer mes de tratamiento. Los corticoides gastan músculo y hueso, varios fármacos dañan los nervios de pies y manos, y las semanas de aislamiento hacen el resto. El niño que pierde fuerza se mueve menos, y el que se mueve menos pierde más.
Un segundo menos en la escalera
El comité de la guía revisó más de 12.000 trabajos y se quedó con los ensayos clínicos, estudios en los que se sortea qué niños entrenan y cuáles reciben la atención habitual. Para la fuerza encontró 14 ensayos con 741 niños, y en ocho los que entrenaban ganaron fuerza de forma clara. Para la soltura al moverse, que se mide pidiendo al niño que se levante de una silla o suba y baje escaleras, había 12 ensayos y 655 niños, con un reparto parecido.
Con ese material, la guía califica de «moderada» la evidencia de que combinar ejercicio aeróbico y de fuerza mejora las dos cosas, y el adjetivo necesita una corrección. El artículo de The Conversation que circula estos días lo presenta como el segundo de cuatro escalones de certeza (alta, moderada, baja, muy baja). La guía no usó esa escala: sus autores escriben que no evaluaron la calidad de los estudios. Llamaron moderado a lo que reunía al menos tres ensayos y cien niños y apuntaba en la misma dirección en la mayoría. Ningún resultado llegó a fuerte.
La guía llamó «moderado» a lo que reunía tres ensayos y cien niños. Ningún resultado llegó a fuerte.
Con el aguante es más estrecha de lo que se ha contado. Durante el tratamiento, el ejercicio no lo mejoró. Después sí, pero la prueba son tres ensayos con 122 niños, todos supervivientes de leucemia.
Para saber cuánto pesa todo esto, un equipo de la Universidad de Almería publicó en 2026 una revisión de revisiones, un trabajo que no estudia niños sino los análisis que otros hicieron juntando ensayos. Reunió 19, con 53 estudios y 2.361 niños, y calificó cada resultado con la escala de cuatro escalones. Ninguno llegó a certeza alta; uno de cada diez, a moderada.
Lo que queda en pie cabe en un cronómetro. En las pruebas de levantarse y caminar o de subir y bajar un tramo de escaleras, los niños que entrenaban tardaban algo más de un segundo menos, con certeza baja. La fuerza mejoraba, con certeza muy baja. Con certeza moderada, solo dos cosas: la capacidad aeróbica subía en torno a un 7 %, y la atención y la memoria mejoraban un poco.
El cansancio, la queja más repetida, divide a los estudios. La guía contó siete ensayos, cuatro a favor y tres sin efecto. Un análisis de 2026 que junta 24 ensayos con 1.074 niños sí vio menos fatiga, y la revisión de Almería da a esa mejora una certeza muy baja. Hay indicios, todavía flojos.
Dónde está el riesgo de verdad
La pregunta de cualquier padre es otra: ¿y si se hace daño?
La respuesta más sólida se publicó en abril de 2026. Durante tres años, seis centros alemanes de oncología infantil apuntaron cada incidencia en sus sesiones de ejercicio supervisado, con pacientes de 3 a 21 años, en tratamiento o después. Sumaron 74.083 sesiones y 178 incidencias, una cada 416. Tres de cada cuatro fueron leves, de las que obligan a parar o a cambiar de ejercicio, casi siempre por dolor o náuseas. Tres fueron graves. Ninguna puso en peligro una vida.
Un niño que entrenara tres veces por semana durante un curso escolar sumaría algo más de cien sesiones: cabría esperar una incidencia por cada cuatro niños y curso, casi siempre de las que se arreglan parando.
En 74.083 sesiones vigiladas hubo tres lesiones graves. Ninguna puso en peligro una vida.
El detalle que importa está en el reparto. Las caídas fueron una de cada cuatro incidencias, pero se llevaron casi la mitad de las que exigieron algo más que parar. Las tres graves fueron en mayores de 15 años, y las lesiones serias pesaron más tras el tratamiento que durante él, y más en grupo. Uno de los casos descritos es el de un chaval que, jugando a la pelota, se golpeó la frente contra el marco de una ventana y necesitó una transfusión de plaquetas.
Desde la guardia se aprende pronto que un golpe en la cabeza con las plaquetas por los suelos no es un golpe cualquiera. En estos datos, el peligro no está en la cama del niño recién salido de la quimioterapia, sino en la caída, el juego en grupo y el adolescente que se cree recuperado antes de tiempo.
Son cifras de centros veteranos, con monitores formados y sin grupo de comparación. De un partido improvisado en el pasillo no dicen nada.
Lo que la ciencia NO dice
La idea que más rápido corre es la más consoladora: que moverse ayuda a vencer el cáncer. Ninguna fuente lo sostiene. La revisión de Almería no encontró diferencias en muertes ni en recaídas, con estudios demasiado pequeños y cortos para verlas si existieran.
El ejercicio no ha demostrado que un niño viva más. Tampoco que viva menos.
Tampoco se ha visto que mejore el ánimo: nadie encontró efecto sobre la depresión, y en calidad de vida los ensayos se contradicen. Los autores de Almería sugieren que casi todos los programas se diseñaron para ganar fuerza, no bienestar. Es razonable, y nadie lo ha comprobado.
La financiación declarada es pública o de fundaciones, pero el campo es pequeño y los nombres se repiten: Pedro L. Valenzuela firma la guía y la revisión de Almería, y varios autores de la guía firmaron ensayos que ella misma evalúa. Obliga a leer con calma.
«Descansa», pero no todos los días
Lo que se sabe con bastante seguridad cabe en poco. Con ejercicio supervisado, adaptado al día y a los análisis, el niño conserva fuerza y soltura que de otro modo perdería, con un riesgo bajo si lo dirige gente formada. La fiebre, las plaquetas muy bajas o una anemia intensa obligan a parar, y la guía pide el visto bueno del médico antes de empezar.
Lo ganado con unos cinco meses de ejercicio durante el tratamiento se había perdido al año.
Hay un dato incómodo: en el único seguimiento largo que cita la revisión de Almería, lo ganado con unos cinco meses de ejercicio durante el tratamiento se había perdido al año. Y la respuesta que falta tiene nombre. El ensayo europeo FORTEe sorteó a 478 niños en diez hospitales, el mayor hecho nunca en este campo, y sus resultados aún no se han publicado en una revista.
Mi opinión es que lo sabido basta para retirar el reposo como respuesta automática. «Descansa» seguirá siendo la palabra justa los días de fiebre. Para el resto, lo que sabemos pide otra.
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Bibliografía
- Fridh MK, Kesting S, Neu MA, Valenzuela PL, Wogksch M, Culos-Reed SN, Schmitz KH, Ness KK, Fleck SJ, Fiuza-Luces C, Lucia A. “Initial Exercise Guidance for Children and Adolescents during and beyond Cancer Treatment: ACSM Expert Consensus Statement.” Med Sci Sports Exerc. 2026;58(7):1615-1628. DOI
Cifras: 12.281 registros cribados, 310 textos completos. Fuerza muscular: 14 ECA (n = 741), 8 con mejora significativa. Función física: 12 ECA (n = 655), 7 con mejora y 5 sin cambios. Capacidad cardiorrespiratoria durante el tratamiento: 7 ECA (n = 323), sin mejora en 4 (n = 211); tras el tratamiento, solo supervivientes de LLA, 3 ECA (n = 122). Fatiga: 7 ECA (n = 356), 4 positivos y 3 nulos, evidencia insuficiente. Calidad de vida: 8 ECA (n = 493), 5 sin efecto. Función cognitiva: 2 ECA (n = 167). Criterio «moderado»: ≥ 3 ECA, n ≥ 100, mayoría de estudios en la misma dirección con heterogeneidad; sin evaluación de riesgo de sesgo ni GRADE, según los propios autores. Neuropatía periférica por quimioterapia: 90 %. - Ruiz-Campos S, Sanchez-Gomez J, Ruiz-González D, León-Rodríguez A, Sánchez Sánchez JL, Rodriguez-Solana A, Soriano-Maldonado A, Martínez-Tellez B, Valenzuela PL, Morales JS. “Grading the evidence on the effects of exercise interventions in children and adolescents during and beyond cancer treatment: an umbrella review of systematic reviews with meta-analyses.” Br J Sports Med. 2026;60(10):738-747. DOI · PubMed
Cifras: 19 revisiones sistemáticas con metaanálisis, 53 estudios primarios, n = 2.361, 80 estimaciones; ninguna de certeza alta, 8 (10 %) moderada, 33 baja, 39 muy baja. Capacidad cardiorrespiratoria: DM 6,92 % (IC 95 %: 1,01 a 12,82), certeza moderada. Rendimiento cognitivo: g 0,41 (0,17 a 0,65); función cognitiva: g 0,26 (0,08 a 0,44), certeza moderada. Fuerza: DME 0,81 (0,05 a 1,57), muy baja. Movilidad funcional (TUG/TUDS): DM −1,17 s (−1,86 a −0,49), baja. Fatiga: DME −0,62 (−1,21 a −0,03), muy baja. CVRS: DME 0,53 (−0,04 a 1,10), muy baja. Depresión: DME 0,06 (−0,38 a 0,50), muy baja. Mortalidad: OR 0,96 (0,36 a 2,59), baja. Recaída: OR 0,83 (0,25 a 2,77), baja. Seguimiento largo citado: beneficios de ~22 semanas de intervención no mantenidos al año. - Gauß G, Rueegg CS, Schindera C, Meisegeier S, Stalf H, Sundermeier T, et al., Götte M. “Incidence, characteristics and suggestions for prevention of adverse events in supervised pediatric oncology exercise sessions.” Front Pediatr. 2026;14:1809915. DOI
Cifras: estudio observacional prospectivo en 6 centros (5 hospitalarios y 1 de rehabilitación), pacientes de 3 a 21 años; 74.083 unidades de ejercicio supervisado; 178 EA (75 % grado 1, 23 % grado 2, 2 % grado 3; ninguno de grado 4-5), 1 EA por 416 unidades; 151 (85 %) relacionados con el ejercicio, 204 por 100.000 unidades. Tipos: dolor 53 %, náuseas o vómitos 20 %, problemas circulatorios 17 %. Desencadenantes (respuesta múltiple): sobresfuerzo 63 %, tratamiento médico 44 %, caídas 23 %. Caídas: 20 de los 45 EA de grado 2-3. Grado 3 solo en ≥ 15 años. Grado 2-3 frente a grado 1: 27:120 en tratamiento agudo, 16:9 tras el tratamiento, 7:1 en sesiones de grupo. Sin grupo control; análisis de subgrupos en 105 casos completos. - Song H, Zhang M, Fan Y, Jiang X, Huang W, Liang Z, et al., Liu T. “The effect of physical activity on health-related outcomes in children and adolescents with cancer: a systematic review and meta-analysis.” Front Oncol. 2026;16:1773060. DOI · PubMed
Cifras: 24 ECA, n = 1.074. Fatiga: DME 0,66 (IC 95 %: 0,43 a 0,89). Fuerza: DME 1,77 (0,72 a 2,83). Prueba de 6 minutos marcha: DME 0,62 (0,34 a 0,89). Función social: DME 0,23 (0,05 a 0,42). Sin efecto: calidad de vida DME 0,32 (−0,07 a 0,71), VO2 pico 0,25 (−0,07 a 0,58), equilibrio 0,18 (−0,65 a 1,01), síntomas depresivos 0,21 (−0,43 a 0,84). Certeza GRADE de muy baja a moderada; sesgo de publicación en fuerza y función cardiopulmonar. - Braam KI, van der Torre P, Takken T, Veening MA, van Dulmen-den Broeder E, Kaspers GJL. “Physical exercise training interventions for children and young adults during and after treatment for childhood cancer.” Cochrane Database Syst Rev. 2016;3:CD008796. DOI
Cifras: análisis con 171 participantes, todos con leucemia linfoblástica aguda en tratamiento. - Gauß G, Beller R, Boos J, Däggelmann J, Stalf H, Wiskemann J, Götte M. “Adverse Events During Supervised Exercise Interventions in Pediatric Oncology—A Nationwide Survey.” Front Pediatr. 2021;9:682496. DOI
Cifras: encuesta retrospectiva, 24 programas, 35.110 intervenciones en 2019; 6 EA de grado 2-3 (17 por 100.000). - Neu MA, Dreismickenbecker E, Lanfranconi F, Stössel S, et al. “Get strong to fight childhood cancer – an exercise intervention for children and adolescents undergoing anti-cancer treatment (FORTEe): Rationale and design of a randomized controlled exercise trial.” BMC Cancer. 2025;25:1275. DOI
- Wypyrsczyk L, et al. “Effects of a structured exercise intervention in childhood cancer patients during intensive treatment: Results of the multicenter randomized controlled FORTEe trial.” Resumen de comunicación oral, ISEO Inaugural Conference, Heidelberg, 22 de julio de 2026. Resumen
Cifras: 478 pacientes incluidos (edad media 11,6 años; 43 % mujeres), diez centros europeos; evaluación formal en curso en el momento del resumen. - Neu MA, Dreismickenbecker E, Wypyrsczyk L, et al., Faber J. “Implementing exercise interventions in pediatric oncology: an expert consensus framework from the FORTEe project.” Front Oncol. 2026;16. DOI
- Morales JS, Valenzuela PL, Rincón-Castanedo C, Takken T, Fiuza-Luces C, Santos-Lozano A, Lucia A. “Exercise training in childhood cancer: A systematic review and meta-analysis of randomized controlled trials.” Cancer Treat Rev. 2018;70:154-167. DOI
Médico de urgencias hospitalarias. Escribe sobre salud, evidencia científica y lo que de verdad ayuda, sin promesas milagrosas. Vive en el Mediterráneo con un beagle que sabe más de lo que aparenta.