Qué dice la ciencia sobre la conexión entre encías y corazón

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Qué es: Las bacterias que provocan periodontitis —la inflamación crónica de las encías— aparecen con frecuencia en las placas de ateroma de pacientes cardiovasculares. Este hallazgo ha generado la hipótesis de que cepillarse mal los dientes podría, literalmente, dañar el corazón.

Qué dice la evidencia: Los estudios epidemiológicos muestran una asociación consistente: las personas con periodontitis grave tienen aproximadamente un 20-50% más riesgo de sufrir eventos cardiovasculares. Se han identificado bacterias orales vivas —especialmente Porphyromonas gingivalis— dentro de las arterias enfermas. Sin embargo, los estudios de aleatorización mendeliana, que permiten inferir causalidad, en general no confirman una relación causal directa. El tratamiento periodontal mejora marcadores inflamatorios y presión arterial, pero ningún ensayo ha demostrado que reduzca infartos o ictus.

Conclusión práctica: La salud bucal importa, pero probablemente no por las razones que sugiere el titular sensacionalista. La asociación parece reflejar factores de riesgo compartidos (tabaco, diabetes, inflamación crónica) más que una relación causa-efecto directa.


Bacterias de la boca en las arterias del corazón

En 2005, un equipo de la Universidad de Florida logró algo que los investigadores llevaban años intentando: cultivar bacterias vivas extraídas de placas de ateroma humanas. No eran bacterias cualesquiera, sino Porphyromonas gingivalis y Aggregatibacter actinomycetemcomitans, dos de los principales patógenos responsables de la periodontitis, la enfermedad que destruye el hueso que sostiene los dientes.

El hallazgo fue impactante. No se trataba solo de ADN bacteriano —restos de invasores eliminados por el sistema inmune—, sino de microorganismos vivos que habían colonizado las paredes arteriales. Como señaló uno de los investigadores: “Esto proporciona una prueba directa de que las bacterias periodontales pueden migrar desde la cavidad oral hasta convertirse en habitantes de la pared vascular”.

Desde entonces, la evidencia se ha acumulado. Un estudio de 2017 encontró que P. gingivalis era la especie más abundante en arterias coronarias y femorales de pacientes con enfermedad aterosclerótica. En 2025, investigadores demostraron que la cantidad de esta bacteria en las placas de ateroma correlaciona directamente con la inestabilidad de la placa —el factor que precipita infartos agudos—.

La pregunta obvia es: ¿significa esto que las infecciones de encías causan infartos?


Mecanismos biológicos: cómo podrían conectarse

La periodontitis no es una simple infección localizada. Es una enfermedad inflamatoria crónica que afecta a casi la mitad de los adultos mayores de 30 años en algún grado. Las encías inflamadas sangran, y ese sangrado abre una puerta: cada vez que una persona con periodontitis mastica, se cepilla o se hace una limpieza dental, pequeñas cantidades de bacterias pasan al torrente sanguíneo.

Los investigadores han identificado varios mecanismos por los que estas bacterias podrían contribuir a la enfermedad cardiovascular:

Invasión directa. P. gingivalis es capaz de invadir células endoteliales y sobrevivir dentro de ellas. Una vez en la pared arterial, puede inducir inflamación local, promover la formación de células espumosas (cargadas de colesterol) y favorecer la apoptosis del músculo liso vascular. Un estudio reciente en Signal Transduction and Targeted Therapy demostró que esta bacteria desestabiliza las placas de ateroma promoviendo la necroptosis de los macrófagos —un tipo de muerte celular particularmente inflamatorio—.

Inflamación sistémica. La periodontitis eleva los niveles circulantes de proteína C reactiva (PCR), interleucina-6 (IL-6) y otras citoquinas proinflamatorias. Estos marcadores están asociados de forma independiente con mayor riesgo cardiovascular.

Mimetismo molecular. Las proteínas de choque térmico producidas por P. gingivalis comparten similitudes estructurales con proteínas humanas, lo que podría desencadenar respuestas autoinmunes contra los propios tejidos vasculares.

Activación plaquetaria. Algunas bacterias orales pueden inducir la agregación de plaquetas, favoreciendo la formación de trombos.

En modelos animales, la infección oral crónica con P. gingivalis acelera significativamente el desarrollo de aterosclerosis en ratones genéticamente predispuestos. Los mecanismos parecen sólidos. Pero la biología de laboratorio no siempre se traduce a la clínica.


La epidemiología: una asociación consistente

Los estudios poblacionales han encontrado repetidamente que las personas con periodontitis tienen mayor riesgo cardiovascular. Un metaanálisis de 2023 que incluyó 26 estudios y más de 2,7 millones de participantes encontró que la prevalencia de enfermedad cardiovascular en pacientes con periodontitis era del 7,2%. Los pacientes con periodontitis moderada-grave presentan entre un 20% y un 50% más riesgo de hipertensión, según una revisión sistemática publicada en Cardiovascular Research.

El estudio PAROKRANK, que siguió a 1.587 participantes durante más de una década, encontró que quienes tenían periodontitis al inicio del estudio tenían un 26% más de probabilidad de sufrir eventos cardiovasculares (hazard ratio 1,26; IC 95%: 1,01-1,57) tras ajustar por edad, tabaquismo y diabetes.

Los datos del estudio ARIC (Atherosclerosis Risk in Communities) mostraron que los pacientes con periodontitis tenían más del doble de riesgo de ictus cardioembólico y trombótico comparados con individuos periodontalmente sanos.

Esta asociación se mantiene incluso tras controlar por los factores de confusión habituales: tabaco, diabetes, obesidad, nivel socioeconómico. Sin embargo, “asociación” no significa “causalidad”.


El test de la causalidad: aleatorización mendeliana

Para determinar si una asociación epidemiológica refleja una relación causal, los investigadores recurren cada vez más a la aleatorización mendeliana. Esta técnica utiliza variantes genéticas asociadas con un factor de riesgo (en este caso, la susceptibilidad a periodontitis) como “instrumentos” para evaluar si ese factor causa realmente la enfermedad de interés.

La lógica es elegante: las variantes genéticas se asignan al azar durante la concepción, por lo que no están contaminadas por los factores de confusión que afectan a los estudios observacionales. Si los genes que predisponen a la periodontitis también aumentan el riesgo cardiovascular, tendríamos evidencia de causalidad.

Los resultados han sido, en su mayoría, decepcionantes para la hipótesis causal:

Un estudio de 2020 publicado en Atherosclerosis, utilizando datos de más de 700.000 participantes del UK Biobank y MEGASTROKE, no encontró asociación entre variantes genéticas de periodontitis e ictus, enfermedad coronaria o aterosclerosis subclínica. Los autores concluyeron: “Estos hallazgos no proporcionan evidencia robusta de una relación causal entre periodontitis e ictus o enfermedad coronaria. Esto sugiere que las asociaciones reportadas en estudios observacionales pueden representar confusión”.

Un metaanálisis de estudios de aleatorización mendeliana de 2024 tampoco encontró evidencia de que la periodontitis cause enfermedad coronaria, insuficiencia cardíaca, fibrilación auricular o ictus.

La excepción notable es la hipertensión. Un estudio publicado en European Heart Journal en 2019 sí encontró asociación genética entre periodontitis e hipertensión, y lo complementó con un ensayo clínico aleatorizado donde el tratamiento periodontal intensivo redujo la presión arterial sistólica en 11 mmHg respecto al tratamiento convencional. Este es, hasta ahora, el único vínculo causal razonablemente establecido.


¿Funciona tratar las encías para proteger el corazón?

Si la periodontitis causara enfermedad cardiovascular, tratarla debería reducir el riesgo. Los ensayos clínicos han evaluado sistemáticamente esta hipótesis, con resultados mixtos.

Lo que sí mejora:

Un metaanálisis de 2024 que incluyó 21 ensayos aleatorizados encontró que el tratamiento periodontal no quirúrgico reduce significativamente los niveles de PCR e IL-6, así como la presión arterial sistólica. Otro metaanálisis mostró mejoras en la función endotelial medida por dilatación mediada por flujo.

Lo que no se ha demostrado:

Ningún ensayo ha conseguido demostrar que el tratamiento periodontal reduzca eventos cardiovasculares “duros” —infartos, ictus o muerte cardiovascular—. El estudio PAVE (Periodontitis and Vascular Events), el único ensayo diseñado específicamente para evaluar eventos cardiovasculares, aleatorizó a 303 pacientes con enfermedad coronaria y periodontitis a tratamiento periodontal o cuidado comunitario. Tras 25 meses, solo 12 pacientes habían sufrido eventos cardiovasculares, sin diferencias entre grupos.

Como señala una revisión reciente en The American Journal of Medicine: “No hay evidencia sólida sobre los efectos de la periodontitis en endpoints cardiovasculares duros (infarto de miocardio, ictus, muerte cardiovascular)”.

El problema metodológico es evidente: un ensayo con suficiente potencia estadística para detectar diferencias en eventos cardiovasculares requeriría miles de participantes seguidos durante años. Además, sería éticamente cuestionable no tratar a pacientes con enfermedad periodontal activa.


Lo que la ciencia NO dice

No dice que las bacterias de la boca “causen” infartos. La presencia de P. gingivalis en las placas de ateroma demuestra que las bacterias pueden llegar allí, no que sean responsables de la enfermedad. La aterosclerosis es un proceso multifactorial donde la infección oral, si contribuye, lo hace probablemente como un factor menor entre muchos.

No dice que cepillarse los dientes prevenga infartos. Aunque varios estudios coreanos han encontrado asociación entre mejor higiene oral y menor riesgo cardiovascular, esto probablemente refleja que las personas que cuidan su salud bucal también cuidan otros aspectos de su salud.

No dice que la asociación sea espuria. Que la aleatorización mendeliana no confirme causalidad directa no significa que la relación no exista. Puede haber efectos bidireccionales, mediadores compartidos o una causalidad más compleja que escape a los instrumentos genéticos disponibles.

No dice que la salud bucal sea irrelevante. La periodontitis causa pérdida dental, afecta la calidad de vida, dificulta la nutrición y está asociada a otras enfermedades sistémicas. Hay razones sobradas para tratarla independientemente de su posible impacto cardiovascular.

El consenso de 2020 entre la Federación Europea de Periodoncia y la World Heart Federation lo resume bien: existe evidencia de una asociación independiente entre periodontitis grave y enfermedad cardiovascular, pero la naturaleza exacta de esta relación —si es causal, bidireccional o mediada por factores compartidos— sigue sin resolverse.


Seguridad del tratamiento periodontal

Un aspecto relevante: ¿es seguro realizar tratamientos dentales en pacientes con enfermedad cardiovascular establecida? Los datos son tranquilizadores. Una revisión del consenso EFP/WHF concluyó que el tratamiento periodontal es seguro respecto al riesgo cardiovascular. Un ensayo en pacientes con enfermedad coronaria estable no encontró eventos cardiovasculares adversos en los tres meses posteriores al raspado y alisado radicular.

Sin embargo, los procedimientos dentales invasivos pueden provocar bacteriemia transitoria. En pacientes con alto riesgo de endocarditis infecciosa, se mantienen las recomendaciones de profilaxis antibiótica según las guías vigentes.


Conclusión

La conexión entre boca y corazón es real, pero probablemente no del modo en que sugieren los titulares sensacionalistas. Sí, hay bacterias orales en las arterias enfermas. Sí, la periodontitis se asocia estadísticamente con mayor riesgo cardiovascular. Pero los estudios de aleatorización mendeliana —nuestra mejor herramienta para inferir causalidad— en general no respaldan que las infecciones de encías causen directamente infartos o ictus.

La explicación más probable es que periodontitis y enfermedad cardiovascular comparten factores de riesgo: tabaquismo, diabetes, obesidad, inflamación crónica, bajo nivel socioeconómico. Tratar uno probablemente beneficia al otro, pero no necesariamente porque estén causalmente conectados.

¿Significa esto que la salud bucal no importa para el corazón? No exactamente. El único vínculo causal razonablemente establecido es con la hipertensión, y la hipertensión sí es un factor de riesgo cardiovascular mayor. Además, la periodontitis es una enfermedad inflamatoria crónica que merece tratamiento por sus propios méritos.

La recomendación práctica es sencilla: mantenga una buena higiene bucal y visite al dentista regularmente, pero no espere que el cepillo de dientes sustituya al control de la tensión arterial, el colesterol y el tabaco como estrategia de prevención cardiovascular.


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