Un equipo del CSIC y del hospital Virgen del Rocío de Sevilla ha probado en personas con diabetes tipo 2 un aceite de oliva al que añade ácido oleanólico, un compuesto que se extrae de la hoja del olivo. Lo que circula estos días es que ese aceite mejora el riñón. El estudio dice algo más modesto. Tras un año tomándolo, el riñón siguió perdiendo capacidad de filtrar, aunque algo menos que con aceite corriente, y solo entre las 34 personas que ya empezaban con esa capacidad algo reducida; en las 53 con riñón normal no hubo diferencia. El ensayo se había diseñado para bajar el azúcar, y el primer análisis de ese objetivo no encontró ninguna mejora. Es una pista, todavía floja, que sale de una pregunta secundaria contestada con muy pocas personas. Para proteger el riñón en la diabetes hay hoy fármacos que han evitado diálisis y muertes en ensayos con miles de pacientes. El aceite enriquecido es una hipótesis que merece un estudio hecho a su medida.
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Cuatro cucharadas al día y un titular
Cincuenta y cinco mililitros. Casi cuatro cucharadas soperas de aceite de oliva cada día durante un año, las que 97 personas con diabetes tipo 2 se tomaron en Sevilla entre 2022 y 2025. La mitad, sin saberlo, tomaba un aceite al que el laboratorio había añadido ácido oleanólico.
El 26 de octubre, dos investigadores del Instituto de la Grasa del CSIC contaron el resultado en The Conversation. Según su texto, la capacidad de filtrar de los riñones, en lugar de empeorar como cabía esperar en personas con diabetes, mejoraba.
El artículo científico que publicaron en agosto en Diabetes, Obesity and Metabolism cuenta una historia más pequeña. El ensayo se montó para bajar el azúcar, y el azúcar no bajó. Lo que llegó a la prensa fue el riñón de 17 personas.
Una molécula de la hoja del olivo
El ácido oleanólico abunda en la hoja del olivo y en la piel de la aceituna, pero al aceite pasa muy poco durante la elaboración, según explicó el propio CSIC en 2019. El grupo sevillano lo purifica de la hoja y lo disuelve en aceite comercial: 55 mililitros de ese aceite aportan unos 30 miligramos del compuesto.
La hipótesis tiene lógica. Cuando el azúcar pasa años alto, se pega a proteínas y grasas y forma unas moléculas alteradas, los productos de glicación avanzada, que se acumulan en los pequeños vasos del riñón y lo van estropeando. En animales de laboratorio, el ácido oleanólico baja el azúcar y protege a las células del daño químico, según resume el registro del ensayo. Faltaba ver qué hacía en personas.
Lo que pasó en Sevilla
El estudio, llamado OLTRAD, sorteó a los participantes en dos grupos: unos recibieron el aceite enriquecido y otros el mismo aceite sin añadir nada, en botellas que ni ellos ni sus médicos podían distinguir. Un ensayo clínico hecho así, con sorteo y a ciegas, es la mejor herramienta que existe para saber si algo causa un efecto. Los participantes tenían la diabetes bien controlada, y casi la mitad tomaba ya un fármaco de una familia que ha demostrado proteger el riñón y de la que se hablará más abajo.
La pregunta principal era el azúcar. En el congreso de la Sociedad Española de Endocrinología y Nutrición de 2025, el equipo del hospital presentó un primer análisis con 90 participantes: ni el azúcar medio de los últimos meses ni la glucosa en ayunas ni las lecturas de los sensores cambiaron con el aceite enriquecido. Es un resumen de congreso; el resultado definitivo sigue sin publicarse.
El ensayo se montó para bajar el azúcar, y el azúcar no bajó.
El riñón era una pregunta de segunda fila. Su función se mide con el filtrado, una cifra que estima cuánta sangre limpia el riñón por minuto: por encima de 90 se considera normal y entre 60 y 90, algo reducida. De los 87 participantes que terminaron, 53 empezaron con el filtrado normal, y en ellos el aceite enriquecido no se distinguió del corriente. En los 34 restantes, 17 por grupo, quienes tomaron el aceite enriquecido perdieron menos de un punto en el año. Según los autores, la diabetes suele restar unos dos puntos al año. En el grupo del aceite corriente aumentó además la proteína que se escapa por la orina, una señal temprana de daño, y en el del enriquecido no.
¿Importa un punto de filtrado? Nadie lo nota. Importaría si esa diferencia, sostenida diez o quince años, retrasara la diálisis, y eso un estudio de un año con 34 personas no lo puede saber. Los autores lo admiten: su análisis sirve para generar hipótesis, y el ensayo no tenía tamaño para estudiar el riñón.
En las 53 personas con el riñón sano, el aceite enriquecido no se distinguió del corriente.
Siete años antes, la prediabetes
El grupo ya había probado el mismo aceite y la misma dosis en personas con prediabetes: entre 2010 y 2018 sortearon a 176 vecinos de Sevilla, atendidos en 25 centros de salud, y los siguieron unos dos años y medio. De las 48 personas que acabaron con diabetes, 31 habían tomado el aceite corriente y 17 el enriquecido. Se publicó en 2019 y midió algo que importa, el diagnóstico de diabetes. No he encontrado una réplica hecha por otro equipo. Un solo ensayo, con menos de doscientas personas, sigue siendo una pista.
De las 48 personas que acabaron con diabetes, 31 habían tomado el aceite corriente y 17 el enriquecido.
El aceite corriente ya se probó a lo grande
El aceite de oliva virgen extra sin añadidos tiene a su favor PREDIMED, el gran ensayo español de dieta mediterránea. En 2015 sus investigadores revisaron a 3.614 participantes con diabetes tipo 2, de 55 a 80 años, sorteados entre dieta mediterránea con aceite virgen extra abundante, dieta mediterránea con frutos secos o consejos para comer menos grasa. En seis años, 168 desarrollaron daño renal, en proporción parecida en los tres grupos. La dieta con aceite se asoció a menos daño en la retina; en el riñón, esa ventaja no apareció.
Lo que la ciencia NO dice
No dice que este aceite mejore el riñón. En el mejor de los casos, en 34 personas, lo hizo empeorar algo más despacio. La frase de la divulgación, que el filtrado mejoraba, no coincide con lo que los autores escriben en su artículo, donde hablan de limitar la pérdida a menos de un punto.
Tampoco que combata los productos de glicación avanzada: de los dos que se midieron en sangre, uno bajó y el otro se quedó igual. Y el filtrado y la proteína en la orina son análisis de laboratorio: que mejoren no garantiza que alguien llegue más tarde a la diálisis o viva más.
Del aceite de la cocina, nada. Los 30 miligramos diarios del ensayo salen de un aceite fabricado para la ocasión, y el virgen extra corriente, en las cantidades generosas de PREDIMED, no protegió el riñón. Cincuenta y cinco mililitros de cualquier aceite son además unas 450 kilocalorías diarias, un dato que pesa en quien tiene diabetes y kilos de más.
La patente del aceite enriquecido la comparten el CSIC y el Servicio Andaluz de Salud, las dos instituciones que hicieron el estudio.
El dinero del ensayo es público. Pero el CSIC anunció en 2019 que la patente del aceite enriquecido la comparten el propio CSIC y el Servicio Andaluz de Salud, las mismas que hicieron y analizaron el estudio. No es motivo para sospechar de nadie, y sí para esperar a que otro equipo repita la prueba.
Lo que sí ha evitado diálisis
CREDENCE, publicado en 2019, sorteó a 4.401 personas con diabetes tipo 2 y el riñón ya dañado entre canagliflozina, un fármaco para la diabetes, y una pastilla igual sin nada dentro. En unos dos años y medio, de cada 1.000 que tomaban la pastilla vacía, 155 sufrieron un fallo renal grave, vieron duplicarse la cifra que mide el deterioro del riñón o murieron por causa renal o cardiaca; con el fármaco, 111. Habría que tratar a unas 21 personas durante ese tiempo para evitar uno de esos desenlaces. Lo pagó Janssen, que fabrica el fármaco. La guía internacional KDIGO de 2022 los recomienda como primera opción en quien tiene diabetes y enfermedad renal, y puede haber actualizaciones posteriores.
Casi la mitad de los participantes de OLTRAD ya tomaba fármacos de esa familia. Si el aceite enriquecido llega a servir para algo, será como añadido a esos fármacos.
Para cambiar esta conclusión haría falta un ensayo con cientos de personas que ya tengan el riñón algo tocado, varios años de seguimiento, el riñón como pregunta principal y un equipo sin la patente detrás. Hasta entonces, un punto de filtrado en 17 personas es un buen motivo para hacer otro estudio.
Para cambiar de aceite, todavía no.
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Bibliografía
- García-González A, Matamoros-Domínguez A, Espinosa-Cabello JM, et al.; Perona JS, García-Luna PP, Yubero-Serrano EM, Castellano JM. “Oleanolic Acid-Enriched Olive Oil Attenuates Kidney Function Decline in Patients With Type 2 Diabetes: Results From the OLTRAD Randomised Controlled Trial.” Diabetes Obes Metab. 2026. DOI · PubMed
Cifras: análisis secundario preespecificado y exploratorio, sin potencia calculada para desenlaces renales. 97 aleatorizados; 87 analizados (45 aceite con AO, 42 control). TFGe basal > 90 mL/min/1,73 m²: n = 53 (28/25), sin interacción tiempo × grupo significativa. TFGe 60-90: n = 34 (17/17), interacción tiempo × grupo p = 0,010; en la discusión, descenso de TFGe < 1 mL/min/1,73 m² en 12 meses con AO, frente a un declive asociado a diabetes estimado en ~2 mL/min/1,73 m²/año (referencia 47 del artículo). El aceite con AO evitó el aumento del cociente albúmina/creatinina observado con el control; redujo aldosa reductasa, aumentó glioxalasa I y bajó metilglioxal, sin cambios significativos en carboximetil-lisina; ROS y MDA bajaron con AO y el MDA subió con el control. - Remón Ruiz PJ, Jiménez Sánchez A, Mangas-Cruz MA, et al.; Castellano JM, García Luna PP. “Análisis preliminar de la evolución de control metabólico y glucometría en participantes del estudio OLTRAD.” Endocrinol Diabetes Nutr. 2025;72 (66.º Congreso SEEN, comunicación 195). Elsevier
Cifras: resumen de congreso, no artículo revisado completo. n = 90 (45/45). HbA1c, mediana (RIC): control 6,3 (0,8) → 6,3 (1,0) %; AO 6,1 (0,9) → 6,3 (0,9) %. Sin diferencias en glucemia basal, péptido C, HOMA-IR, GMI ni tiempo en rango. Tratamientos (control frente a AO): arGLP-1 20/45 y 23/45; iSGLT2 21/45 y 20/45. - Consejo Superior de Investigaciones Científicas. “Oleanolic Acid as Therapeutic Adjuvant for Type 2 Diabetes Mellitus (OLTRAD Study).” Registro del ensayo, ClinicalTrials.gov NCT06030544. 2022-2025. ClinicalTrials.gov
Cifras: desenlace principal, evolución de la HbA1c; 55 mL/día de aceite con 600 mg AO/kg (dosis equivalente de 30 mg/día); control, el mismo aceite comercial sin enriquecer; doble ciego. - García-González A, Espinosa-Cabello JM, Cerrillo I, et al. “Bioavailability and systemic transport of oleanolic acid in humans, formulated as a functional olive oil.” Food Funct. 2023. DOI
Cifras: ensayo BIO-OLTRAD, cruzado y doble ciego, n = 22; dosis única de 30 mg de AO en 50 g de aceite funcional. - Santos-Lozano JM, Rada M, Lapetra J, et al.; Castellano JM. “Prevention of type 2 diabetes in prediabetic patients by using functional olive oil enriched in oleanolic acid: The PREDIABOLE study, a randomized controlled trial.” Diabetes Obes Metab. 2019. DOI · PubMed
Cifras: 176 aleatorizados, 30-80 años, 55 mL/día (30 mg AO/día). 48 casos nuevos de diabetes tipo 2: 31 en el grupo control y 17 en el de intervención; hazard ratio ajustado 0,45 (IC 95 %: 0,24 a 0,83). Sin efectos adversos relacionados con la intervención. Aceite comercial donado por el Grupo ACESUR; financiación FIS (ISCIII). - CSIC Comunicación. “Un nuevo aceite de oliva creado por el CSIC ayuda a prevenir la diabetes tipo 2.” Nota de prensa, 11 de diciembre de 2019. CSIC
Cifras: patente de titularidad compartida CSIC-Servicio Andaluz de Salud; 30 meses de intervención en PREDIABOLE; 25 centros de salud de Sevilla. - Díaz-López A, Babio N, Martínez-González MA, et al.; Salas-Salvadó J. “Mediterranean diet, retinopathy, nephropathy, and microvascular diabetes complications: a post hoc analysis of a randomized trial.” Diabetes Care. 2015. DOI · PubMed
Cifras: n = 3.614 con diabetes tipo 2, 55-80 años; seis años de seguimiento; 74 casos de retinopatía y 168 de nefropatía. Retinopatía con dieta mediterránea + AOVE frente a control: HR 0,56 (IC 95 %: 0,32 a 0,97); nefropatía, sin diferencias entre grupos. Fe de erratas en 2018 (DOI 10.2337/dc18-er10a) tras la detección de irregularidades en la aleatorización de hasta el 14 % de los participantes de PREDIMED. - Perkovic V, Jardine MJ, Neal B, et al.; CREDENCE Trial Investigators. “Canagliflozin and Renal Outcomes in Type 2 Diabetes and Nephropathy.” N Engl J Med. 2019. DOI
Cifras: n = 4.401 con diabetes tipo 2 y enfermedad renal crónica con albuminuria; mediana de seguimiento 2,62 años. Desenlace principal (enfermedad renal terminal, duplicación de creatinina o muerte renal o cardiovascular): 245/2.202 (11,1 %) con canagliflozina frente a 340/2.199 (15,5 %) con placebo; hazard ratio 0,70 (IC 95 %: 0,59 a 0,82). Compuesto renal específico: HR 0,66 (IC 95 %: 0,53 a 0,81). NNT estimado por los autores: 21,2. Financiado por Janssen Research and Development. - KDIGO Diabetes Work Group; de Boer IH, Rossing P, et al. “KDIGO 2022 Clinical Practice Guideline for Diabetes Management in Chronic Kidney Disease.” Kidney Int. 2022. DOI
Cifras: iSGLT2 como primera línea farmacológica en diabetes tipo 2 con enfermedad renal crónica, con inicio si TFGe ≥ 20 mL/min/1,73 m², con independencia del control glucémico.
Médico de urgencias hospitalarias. Escribe sobre salud, evidencia científica y lo que de verdad ayuda, sin promesas milagrosas. Vive en el Mediterráneo con un beagle que sabe más de lo que aparenta.