Manos de una persona mayor levantando una caja de verduras en un banco de alimentos; al fondo, un tensiómetro sin usar
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Ayudar a los demás alarga la vida, cuida el corazón, refuerza las defensas y despierta el cerebro. Se repite cada semana en la prensa de bienestar, casi nunca con un estudio detrás. Los estudios que existen dicen bastante menos. En los que siguen durante años a personas mayores, los voluntarios mueren algo menos, pero cuesta separar eso de que ya estuvieran más sanos, y cuando se sortea quién ayuda y quién no, la mejora del ánimo no aparece. El motivo pesa: en Wisconsin, quienes ayudaban sobre todo por sí mismos murieron casi en la misma proporción que quienes no ayudaban. En Bonn, la satisfacción de donar duró poco, y al mes eran más felices los que se habían quedado el dinero. Para el corazón y las defensas hay análisis de sangre en ensayos pequeños, ninguno con infartos. Tomarse la generosidad como una pastilla no tiene respaldo, y las razones para ayudar a alguien nunca dependieron de estos estudios.

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Cien euros o una vida

En un laboratorio de economía de Bonn, 591 personas eligieron entre dos sorteos. Uno daba más papeletas para cobrar cien euros. El otro, más papeletas para que 350 euros pagaran tratamientos contra la tuberculosis en la India, lo bastante para salvar de media una vida.

Los economistas Armin Falk y Thomas Graeber, que lo publicaron en 2020, preguntaron después a cada participante, varias veces, cómo se sentía. Nada más conocer el resultado, quienes habían salvado una vida estaban un poco más contentos, tan poco que apenas se distinguía del azar. Un mes después ocurría lo contrario: eran más felices los que se habían llevado el dinero, incluidos los que habían elegido el sorteo generoso y lo perdieron.

La pieza de CuerpoMente del 28 de agosto no menciona ese experimento. Partía de una frase del Tao Te Ching, la de que el sabio no atesora y cuanto más da más obtiene, y aseguraba sin citar un solo estudio que ayudar tiene beneficios demostrables en el cerebro, el corazón, el sistema inmunitario y la longevidad.

Ahí hay dos preguntas metidas en una. Si ayudar le sienta bien a quien ayuda se puede medir, y se ha medido. Si hay que ayudar no lo contesta ningún análisis de sangre, y la respuesta a la primera no debería decidir la segunda.

Los voluntarios mueren menos, y nadie sabe bien por qué

Casi todo lo que se sabe sale de estudios de seguimiento: se anota quién hace voluntariado y, años después, se cuenta quién sigue vivo. En 2013, un equipo de la Universidad de Exeter reunió cuarenta trabajos en una revisión. Los cinco seguimientos que contaban muertes coincidían en que los voluntarios morían algo menos. En esos mismos seguimientos los voluntarios tenían menos depresión y más satisfacción con su vida, aunque no mejor salud física. En los nueve estudios experimentales, cinco de ellos con sorteo de quién hacía voluntariado, esa mejora del ánimo no apareció.

La explicación alternativa la conoce cualquiera que haya pasado por un banco de alimentos. Para descargar cajas o acompañar a un vecino al centro de salud hay que poder cargar peso y tener la tarde libre. Quien está sano se apunta, y el seguimiento acaba atribuyendo al voluntariado lo que quizá era salud de partida.

Que los voluntarios mayores viven algo más está bastante repetido. Que vivan más porque ayudan nadie lo ha demostrado.

En 2023, un equipo de Newcastle reunió 28 revisiones sobre voluntariado y salud, casi todas con mayores de Estados Unidos. La ventaja más clara seguía en la mortalidad, y la mayoría de esas revisiones la calificaron de calidad baja. Que la relación existe está bastante asentado; la causa sigue sin probarse.

El motivo cambia la cuenta

El estudio que más se cita sobre los motivos siguió a los graduados de instituto de Wisconsin de 1957. En 2004, rondando los 65 años, les preguntaron si hacían voluntariado y por qué, y cuatro años después miraron cuántos habían muerto. De cada 1.000 que no hacían voluntariado habían muerto 43. De cada 1.000 que ayudaban sobre todo por los demás, por compasión o porque la gente cercana valoraba ese trabajo, 16. Y de cada 1.000 que ayudaban sobre todo por sí mismos, para sentirse mejor, olvidar sus problemas o aprender algo, 40.

De cada 1.000 voluntarios que ayudaban pensando en sí mismos murieron 40 en cuatro años. De cada 1.000 que no ayudaban, 43.

Son recuentos sin corregir. Cuando el equipo de Sara Konrath, de la Universidad de Michigan, descontó la salud previa, la personalidad, el dinero y la práctica religiosa, la ventaja del voluntariado en conjunto quedó en el aire, tan reducida que el estudio ya no podía asegurar que existiera. La de ayudar por los demás aguantó, más pequeña. Es un solo estudio, de 2012, con población casi toda blanca de un mismo estado, y sus autores pedían cautela.

El consejo habitual de la prensa de bienestar, ayuda porque te conviene, describe justo el motivo que en Wisconsin no se asoció con vivir más.

Una alegría que no llegó al mes

Lo de Bonn pesa por otra razón. Allí el azar decidía quién salvaba la vida y quién cobraba, así que ni la salud ni el carácter de nadie explican la diferencia. Es un único dilema, con estudiantes, y no mide salud. Pero va al centro del argumento de CuerpoMente, la idea de que dar devuelve bienestar a quien da.

No es el único aviso. En 2024, Dunigan Folk y Elizabeth Dunn, de la Universidad de la Columbia Británica, revisaron solo los experimentos sobre felicidad cuyos autores habían dejado escrito de antemano qué iban a medir, para no poder rebuscar después en los datos. Encontraron muy poco a favor de los actos de bondad al azar y algo más a favor de gastar dinero en otros, la idea que la propia Dunn popularizó en 2008.

Lo que la ciencia no dice

La pieza de CuerpoMente nombra cuatro sitios del cuerpo, y cada uno aguanta a su manera.

Del cerebro hay algo cierto, contado de más. Desde 2006, varios estudios con resonancia han visto que, al decidir una donación, se activan las mismas zonas que cuando uno gana dinero. Eso describe cómo valora el cerebro dar en el momento de decidir; sobre la salud de ese cerebro diez años después no dice nada.

Para el corazón, lo más parecido a una prueba es un ensayo publicado en 2013 por un equipo de la Universidad de la Columbia Británica. Sortearon a 106 estudiantes de unos quince años de un instituto del oeste de Canadá. La mitad pasó unas diez semanas ayudando una hora a la semana a niños de primaria por las tardes; la otra mitad esperó su turno. Al final, los voluntarios tenían algo menos de colesterol, algo menos de un marcador de inflamación en sangre y una pizca menos de peso para su estatura. Diferencias pequeñas, en chicos sanos, medidas en un análisis, y nadie sabe si duran.

El ensayo que más se acerca al corazón midió durante diez semanas el colesterol de 106 adolescentes canadienses.

En las defensas, el estudio que suele andar detrás lo publicó en 2019 un equipo de la Universidad de California en Los Ángeles con 76 mujeres sanas. Durante seis semanas, unas escribieron sobre gratitud y otras sobre temas neutros. Escribir sobre gratitud no cambió los marcadores de inflamación. Lo único que apareció fue una relación, dentro del mismo grupo pequeño, entre las que contaban haber dado más apoyo a otros y una inflamación algo menor, del tipo que no permite saber qué causa qué. Con eso no se sostiene la palabra demostrables.

Para las defensas, la prueba que se suele citar son 76 mujeres sanas que escribieron sobre gratitud y cuya inflamación no cambió.

De la longevidad, lo esencial ya está dicho. No he encontrado ningún ensayo que haya contado infartos o muertes en adultos sorteados para ayudar, y uno largo que lo hiciera cambiaría la conclusión. Apuesto, y es solo una opinión, a que la ventaja en años de vida saldrá bastante menor que la de los seguimientos.

Dos preguntas que no son la misma

Sobre quien ayuda, los datos dejan una ventaja posible y pequeña, que depende del motivo, y eso le sirve a un epidemiólogo. Ayudar tiene su propia medida, y está en la otra persona. En Bonn, el cuestionario anotó a los donantes algo más tristes al mes. No registró a los cinco enfermos de tuberculosis que cada donación del sorteo pagó por tratar en la India.

La frase del capítulo 81 le prometía al sabio que, cuanto más diera, más obtendría. Puede que obtenga algo. Puede también que un mes después esté un poco más triste que el vecino que se quedó los cien euros. Si mañana un ensayo demostrara que ayudar no alarga la vida ni una semana, esos enfermos seguirían curados.

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Bibliografía

  1. Falk A, Graeber T. “Delayed negative effects of prosocial spending on happiness.” Proc Natl Acad Sci U S A. 2020;117(12):6463-6468. PubMed
    Cifras: 591 participantes en laboratorio (Bonn). Elección entre dos loterías binarias: donación de 350 € a Operation ASHA (identificar, tratar y curar a cinco pacientes más con tuberculosis, una vida salvada en expectativa) frente a pago de 100 €. Efecto positivo débil del resultado prosocial sobre la felicidad a muy corto plazo; al mes, felicidad significativamente menor con el resultado prosocial que con el pago, también entre quienes eligieron la lotería prosocial.
  2. Konrath S, Fuhrel-Forbis A, Lou A, Brown S. “Motives for volunteering are associated with mortality risk in older adults.” Health Psychol. 2012;31(1):87-96. DOI
    Cifras: Wisconsin Longitudinal Study; voluntariado y motivos medidos en 2004, mortalidad en 2008 (edad media 69 años en 2008). Mortalidad bruta a 4 años: 4,3 % en no voluntarios (n = 2.384), 4,0 % en voluntarios con motivos predominantemente centrados en sí mismos (n = 452), 1,6 % con motivos predominantemente centrados en los demás (n = 2.053). Voluntariado en los últimos 10 años: OR 0,52 (IC 95 % 0,38-0,71) sin ajustar; OR 0,71 (IC 95 % 0,46-1,10) con todas las covariables. Motivos orientados a los demás (n = 3.376): OR 0,70 (IC 95 % 0,56-0,88) sin ajustar; OR 0,76 (IC 95 % 0,60-0,95) tras ajuste sociodemográfico; 0,77 en el modelo completo.
  3. Jenkinson CE, Dickens AP, Jones K, et al. “Is volunteering a public health intervention? A systematic review and meta-analysis of the health and survival of volunteers.” BMC Public Health. 2013;13:773. PubMed
    Cifras: 40 artículos (5 ensayos aleatorizados, 4 no aleatorizados, 17 cohortes). Cohortes: efectos favorables en depresión, satisfacción vital y bienestar, no en salud física; no confirmados por los estudios experimentales. Metaanálisis de 5 cohortes: RR de mortalidad 0,78 (IC 95 % 0,66-0,90).
  4. Schreier HMC, Schonert-Reichl KA, Chen E. “Effect of volunteering on risk factors for cardiovascular disease in adolescents: a randomized controlled trial.” JAMA Pediatr. 2013;167(4):327-332. PubMed
    Cifras: 106 alumnos de 10.º curso aleatorizados (52 intervención, 54 lista de espera); analizados 90 para IMC y 85 para marcadores en sangre. Voluntariado semanal de 1-1,5 h con niños de primaria durante unas 10 semanas. Al seguimiento, ajustado por la medida basal, el grupo voluntario tuvo IL-6, colesterol total e IMC significativamente menores que el control; PCR en la misma dirección sin alcanzar significación. Sin medida de presión arterial.
  5. Nichol B, Wilson R, Rodrigues A, Haighton C. “Exploring the effects of volunteering on the social, mental, and physical health and well-being of volunteers: an umbrella review.” Voluntas. 2024;35(1):97-128 (publicado en línea en 2023). DOI
    Cifras: 28 revisiones sistemáticas publicadas hasta julio de 2022, calidad (AMSTAR 2) mayoritariamente baja; participantes sobre todo adultos mayores de Estados Unidos; mayores efectos en mortalidad y funcionalidad.
  6. Moieni M, Irwin MR, Haltom KEB, et al. “Exploring the role of gratitude and support-giving on inflammatory outcomes.” Emotion. 2019;19(6):939-949. PubMed
    Cifras: 76 mujeres sanas aleatorizadas a 6 semanas de escritura de gratitud o escritura neutra. Sin efecto de la intervención sobre los marcadores inflamatorios; el aumento del apoyo dado se asoció con descenso de marcadores en el conjunto de la muestra.
  7. Folk D, Dunn E. “How can people become happier? A systematic review of preregistered experiments.” Annu Rev Psychol. 2024;75:467-493. PubMed
  8. Moll J, Krueger F, Zahn R, Pardini M, de Oliveira-Souza R, Grafman J. “Human fronto-mesolimbic networks guide decisions about charitable donation.” Proc Natl Acad Sci U S A. 2006;103(42):15623-15628. DOI
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    Cifras: voluntariado organizado en mayores de 55 años. Reducción media del riesgo de mortalidad del 47 % (IC 95 % 38-55 %) sin ajustar y del 24 % (IC 95 % 16-31 %) con ajuste por salud y otras variables.
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Dr. Ricardo Villanueva

Dr. Ricardo Villanueva

Médico de urgencias hospitalarias. Escribe sobre medicina, filosofía y, a veces, ficción: lo que queda cuando se apaga el ruido. Vive en el Mediterráneo con un beagle que sabe más de lo que aparenta.
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