Un cuarzo rosa apoyado en el primer peldaño de una escalera de piedra gastada, con luz lateral de ventana
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El movimiento «New Age» sostiene que lo que piensas moldea lo que te pasa: visualiza el éxito y llegará, mantén el ánimo alto y la enfermedad cederá. Cuando la ciencia ha puesto esas promesas a prueba, han salido del revés. Fantasear con un buen resultado se asocia con esforzarse menos y conseguir menos, aunque eso lo sostienen estudios pequeños de un mismo equipo. Que el estado de ánimo no cambia la supervivencia del cáncer se sabe con bastante seguridad, después de una revisión de 26 estudios y del seguimiento de más de mil enfermos. Y quien cambia el tratamiento por terapias alternativas vive menos: en cáncer de mama, a los cinco años seguían vivas 58 de cada 100 mujeres que eligieron solo la alternativa, frente a 87 de las tratadas. La búsqueda de sentido que alimenta este mercado es legítima. Sus promesas de salud no tienen respaldo, y su lógica añade algo cruel: si enfermas, la culpa es de lo que pensaste.

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La víspera de la prótesis

La tarde antes de operarse de la cadera, 51 pacientes de un hospital alemán, de 66 años de media, rellenaron un cuestionario extraño. Tenían que imaginar su convalecencia y puntuar lo agradables que les resultaban esas escenas.

Dos semanas después, los fisioterapeutas midieron cuánto doblaban la articulación y cómo subían escaleras. Quienes habían fantaseado con una recuperación más luminosa se movían peor. Quienes, por lo que sabían de sí mismos, veían probable recuperarse bien, se movían mejor.

La psicóloga Gabriele Oettingen publicó ese resultado en 2002 junto a otros tres con el mismo dibujo. En el más llamativo, los estudiantes alemanes que más soñaban despiertos con el empleo ideal habían enviado, dos años después, menos solicitudes, recibido menos ofertas y cobraban menos. Son grupos de unas decenas de personas, y los estudios miden lo que va junto sin demostrar qué lo causa. Como indicio, apunta justo al revés de lo que promete la ley de la atracción.

Cuantas más fantasías rosadas tenían los estudiantes, menos solicitudes enviaban y menos ofertas recibían dos años después.

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Un mercado sin catecismo y con un solo dogma

El «New Age» no tiene fundador ni doctrina escrita. Mezcla astrología, cristales, chakras y reiki con palabras prestadas de la física, y lo sostiene una idea que Rhonda Byrne convirtió en superventas en 2006 con El secreto: los pensamientos atraen lo que se les parece. Si emites gratitud, recibes abundancia. Si emites miedo, recibes desgracia.

La idea encaja con una inclinación que no es exclusiva de los crédulos, el pensamiento mágico, que consiste en ver causa donde solo hay coincidencia. En un experimento de Princeton y Harvard de 2006, los estudiantes que clavaban alfileres en un muñeco que representaba a un actor, y pensaban mal de él, se sintieron algo más culpables cuando este se quejó de dolor de cabeza.

Ese sesgo ya tiene precio. El Global Wellness Institute calcula que la economía del bienestar movió 6,8 billones de dólares en 2024, pero en esa cifra caben el gimnasio, la comida sana, la cosmética y los balnearios. Los cuarzos y los cursos de manifestación no tienen partida propia. Nadie ha medido cuánto dinero mueven.

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Lo que pasa cuando la promesa se mide

El ánimo frente al cáncer

La promesa más grave del «New Age» es la médica: que una actitud luchadora o una vibración alta frenan un tumor. En 2002, un equipo de la Universidad de Glasgow hizo una revisión sistemática, que busca y reúne todo lo publicado sobre una pregunta, y encontró 26 estudios sobre la actitud ante el cáncer y la supervivencia. Solo algunos pequeños dieron ventaja al espíritu de lucha; los mayores, ninguna. Los autores concluyeron en el BMJ que a ningún enfermo debería presionársele para adoptar una actitud con la esperanza de vivir más.

Un estudio de 2007 de la Universidad de Pensilvania siguió a 1.093 personas con cáncer de cabeza y cuello tratadas con radioterapia en estudios clínicos; murieron 646. El bienestar emocional que tenían al empezar el tratamiento no predijo quién. En este punto, la evidencia es firme.

El bienestar emocional de 1.093 enfermos de cáncer al empezar el tratamiento no predijo quién viviría más.

Cuando la alternativa ocupa el sitio del tratamiento

En 2018, un equipo de la Universidad de Yale buscó en el registro nacional de cáncer de Estados Unidos a 280 personas con cáncer de mama, pulmón, colon o próstata que, tras el diagnóstico, eligieron solo terapias alternativas. Las comparó con 560 de la misma edad y el mismo tipo de cáncer que siguieron el tratamiento convencional.

A los cinco años seguían vivas 55 de cada 100 de las primeras y 78 de cada 100 de las segundas. En el cáncer de mama, 58 frente a 87; en el de colon, 33 frente a 79. En próstata, un cáncer lento, el seguimiento fue demasiado corto para ver diferencias claras. Nadie sorteó a nadie para dejar la quimioterapia, pero entre enfermos tan parecidos una distancia así cuesta atribuirla a otra cosa.

A los cinco años seguían vivas 58 de cada 100 mujeres con cáncer de mama que eligieron solo terapias alternativas. Con tratamiento convencional, 87.

Ese mismo año, el equipo afinó la pregunta en JAMA Oncology con 258 pacientes de cánceres curables que combinaban el tratamiento con terapias complementarias, frente a 1.032 que no las usaban. Los que usaban esas terapias rechazaron mucho más lo que les correspondía: 34 de cada 100 dijeron no a la quimioterapia indicada, frente a 3 del otro grupo, y más de la mitad renunció a la radioterapia prescrita. A los cinco años vivían 82 de cada 100 frente a 87, y la diferencia desaparecía al tener en cuenta esos rechazos. Lo que acorta la vida no es la infusión ni el cuarzo, es el tratamiento que se deja por ellos.

De cada 100 pacientes que usaban terapias complementarias, 34 rechazaron la quimioterapia indicada. Entre los demás, 3.

Sonreír por obligación

La positividad tóxica, la exigencia de sentirse bien pase lo que pase, choca con lo que observó en 2017 un equipo de la Universidad de California en Berkeley en más de 1.300 adultos. El estudio muestra lo que va junto, sin demostrar la causa: quienes solían aceptar su tristeza o su enfado sin juzgarse se sentían mal con menos frecuencia ante los golpes cotidianos y, seis meses después, tenían menos síntomas de depresión.

Junta eso con el dogma. Si el universo devuelve lo que emites y te ha devuelto un tumor, algo habrás emitido. El enfermo carga con el diagnóstico y, además, con el reproche de no haber pensado lo suficientemente bonito.

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Lo que la ciencia no dice

Quien defiende el «New Age» con más fundamento deja los cristales a un lado y señala que meditar sienta bien y que el optimismo ayuda. Tiene parte de razón. En 2014, un equipo de la Universidad Johns Hopkins reunió 47 experimentos con unas 3.500 personas sorteadas para meditar o no: unas ocho semanas de práctica reducían algo la ansiedad, la depresión y el dolor, sin necesidad de energías ni vibraciones para explicarlo. Y en los estudios de Oettingen lo que falló fue fantasear: esperar un buen resultado porque la experiencia lo hacía probable sí se asoció con conseguirlo.

El argumento se rompe en el salto a la materia. La palabra «cuántico» en la etiqueta de un aceite es decoración, porque la física cuántica describe partículas diminutas cuyas rarezas no se notan a la escala de un cuerpo. Ningún estudio ha mostrado que un pensamiento atraiga dinero o encoja un tumor, y nadie ha propuesto un mecanismo que se pueda medir.

Tampoco dicen los datos que cualquiera que tome una infusión vaya a morir antes: el trabajo de Yale en JAMA Oncology sitúa el peligro en abandonar lo que funciona. Ni que los seguidores de estas terapias sean ignorantes. Quienes eligieron solo la alternativa eran con más frecuencia mujeres, con más estudios y más ingresos que quienes siguieron el tratamiento, y esos datos no explican por qué la educación no protege frente a esta promesa.

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Sin garantías

El texto que dio pie a este artículo criticaba el «New Age» desde la apologética cristiana y proponía la fe como salida. Comparto su diagnóstico y me bajo antes de su remedio: cambiar una promesa sin pruebas por otra con más siglos deja intacto el problema, que es pedir al universo una intención que nadie ha demostrado. Es mi opinión, y la firmo.

Cambiaría de idea si un experimento bien hecho mostrara que una actitud mental, por sí sola, alarga la vida de alguien con cáncer; no ha aparecido. Lo que sí tiene respaldo es más modesto y no culpa a nadie: el tratamiento indicado para quien tiene un diagnóstico y, para quien busca calma o compañía, prácticas probadas en experimentos y gente de carne y hueso.

En aquel hospital alemán subieron mejor la escalera los que la víspera habían soñado menos y calculado más.

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Bibliografía

  1. Oettingen G, Mayer D. “The motivating function of thinking about the future: expectations versus fantasies.” J Pers Soc Psychol. 2002;83(5):1198-1212. DOI
    Cifras: estudio 1, 83 estudiantes al inicio y 40 en el seguimiento a dos años; fantasías positivas con ofertas de empleo (r parcial −0,39), salario (−0,29) y solicitudes enviadas (−0,40). Estudio 4, 51 pacientes de prótesis de cadera (edad media 65,7); fantasías positivas con movilidad de la cadera (−0,43), subir escaleras (−0,36) y recuperación general (−0,31); las expectativas, en sentido contrario (0,27; 0,37; 0,30).
  2. Petticrew M, Bell R, Hunter D. “Influence of psychological coping on survival and recurrence in people with cancer: systematic review.” BMJ. 2002;325(7372):1066. DOI · PMC
    Cifras: 26 estudios de supervivencia y 11 de recurrencia; espíritu de lucha en 10 y 4, indefensión o desesperanza en 12 y 5; muestras de 35 a 847 pacientes (mediana 125). Resultados positivos solo en estudios pequeños; posible sesgo de publicación.
  3. Coyne JC, Pajak TF, Harris J, et al. “Emotional well-being does not predict survival in head and neck cancer patients: a Radiation Therapy Oncology Group study.” Cancer. 2007;110(11). DOI
    Cifras: 1.093 pacientes de dos ensayos del RTOG, 646 muertes; la subescala de bienestar emocional basal no se asoció con la supervivencia global, ni en interacción con protocolo, sexo, localización ni estadio.
  4. Johnson SB, Park HS, Gross CP, Yu JB. “Use of alternative medicine for cancer and its impact on survival.” J Natl Cancer Inst. 2018;110(1):121-124. DOI
    Cifras: 280 pacientes con medicina alternativa exclusiva frente a 560 emparejados con tratamiento convencional (National Cancer Database, 2004-2013). Supervivencia a 5 años: total 54,7 % (IC 95 %: 47,5-61,3) frente a 78,3 % (74,2-81,8), HR multivariable 2,50 (1,88-3,27); mama 58,1 % frente a 86,6 %, HR 5,68 (3,22-10,04); colorrectal 32,7 % frente a 79,4 %, HR 4,57 (1,66-12,61); pulmón 19,9 % frente a 41,3 %, HR 2,17 (1,42-3,32); próstata 86,2 % frente a 91,5 %, HR 1,68 (0,68-4,17), p = 0,36. Mediana de seguimiento, 66 meses.
  5. Johnson SB, Park HS, Gross CP, Yu JB. “Complementary medicine, refusal of conventional cancer therapy, and survival among patients with curable cancers.” JAMA Oncol. 2018;4(10):1375-1381. DOI
    Cifras: 258 usuarios de medicina complementaria frente a 1.032 controles, de una cohorte de 1.901.815. Rechazo: cirugía 7,0 % frente a 0,1 %; quimioterapia 34,1 % frente a 3,2 %; radioterapia 53,0 % frente a 2,3 %; hormonoterapia 33,7 % frente a 2,8 %. Supervivencia a 5 años 82,2 % (76,0-87,0) frente a 86,6 % (84,0-88,9); HR 2,08 (1,50-2,90); al incluir el rechazo o retraso del tratamiento en el modelo, HR 1,39 (0,83-2,33).
  6. Ford BQ, Lam P, John OP, Mauss IB. “The psychological health benefits of accepting negative emotions and thoughts: laboratory, diary, and longitudinal evidence.” J Pers Soc Psychol. 2018;115(6):1075-1092 (en línea, julio de 2017). DOI
    Cifras: estudio 1, n = 1.003; estudio 2, n = 156; estudio 3, n = 222 con seguimiento a seis meses. La emoción negativa diaria medió la relación entre aceptación habitual y síntomas depresivos a seis meses (efecto indirecto B = −2,39; IC 95 %: −3,34 a −1,43).
  7. Pronin E, Wegner DM, McCarthy K, Rodriguez S. “Everyday magical powers: the role of apparent mental causation in the overestimation of personal influence.” J Pers Soc Psychol. 2006;91(2):218-231. PubMed
  8. Goyal M, Singh S, Sibinga EMS, et al. “Meditation programs for psychological stress and well-being: a systematic review and meta-analysis.” JAMA Intern Med. 2014;174(3):357-368. PubMed
    Cifras: 47 ensayos, 3.515 participantes; evidencia moderada de mejora en ansiedad, depresión y dolor tras programas de atención plena de unas ocho semanas; evidencia baja para estrés y calidad de vida.
  9. Global Wellness Institute. 2025 Global Wellness Economy Monitor. 2025. Enlace
    Cifras: economía global del bienestar de 6,8 billones de dólares en 2024, con previsión de casi 9,8 billones en 2029; once sectores, sin partida específica para prácticas «New Age».

Dr. Ricardo Villanueva

Dr. Ricardo Villanueva

Médico de urgencias hospitalarias. Escribe sobre medicina, filosofía y, a veces, ficción: lo que queda cuando se apaga el ruido. Vive en el Mediterráneo con un beagle que sabe más de lo que aparenta.
Reloj de arena casi vacío junto a un cuenco de lentejas y un vaso de agua de avena; al fondo, una pluma de inyección Entrada anterior Dieta GLP-1 y Ozempic natural: qué dice la ciencia